Berria.info   2009-03-26 – 20:05:35

Baionako Auzitegiak absolbitu egin du eta elkarteak ez du izena aldatu beharko. Urtarrilaren bukaeran egin zuten epaiketa, Pirinio Atlantikoetako prefetaren salaketa zela-eta. Honek zioen elkartearen «izaera, helburuak eta antolaketa» legez kanpokoak direla, baina epaileak ez dio arrazoirik eman. «Egun izugarria da, aspalditik zor ziguten eguna», esan du Berhokoirigoinek.

Baionako Auzitegiko Marie Catherine Robert epaileak absolbitu egin du Euskal Herriko Laborantza Ganbera (EHLG). 14:05ean atera du epaia eta ez dio zigorrik jarri. Urtarrilaren bukaeran egin zuten epaiketa, Pirinio Atlantikoetako prefetaren salaketa zela-eta. Gaur ehunen bat lagun bildu dira auzitegiaren atarian, elkarteko kideei babesa ematera. «Egun izugarria da, aspalditik zor ziguten eguna», esan du Mixel Berhokoirigoin Laborantza Ganberako presidenteak.

Salaketa zein zen ikusita, epaiketa hasi aurretik Berhokoirigoinek urtebeteko kartzela zigorra eta isuna jasotzeko arriskua zeukan -elkartea legez kanpo geratzeko arriskua ere bazen-, baina saioan bertan Anne Kayanakis prokuradoreak isunik eta kartzela zigorrik ez zuen eskatu, ezta elkartea legetik kanpo uzteko ere.

Dena den, prokuradoreak epaileari eskatu zion EHLGk izena aldatu beharko lukeela hilabete bateko edo biko epean. Paueko prefetaren iritziz, elkarte horren «izaera, helburuak eta antolaketa» legez kanpokoak dira, horiek erakunde publiko batenak direlako, eta Euskal Herriko Laborantza Ganberaren izenak eta izaerak Pirinio Atlantikoetakoarekin «nahasmena» sortzen du. Prokuradoreak proposamen bat egin zuen epaiketan: ‘Euskal Herriko Laborantza Ganbera sortzearen aldeko elkartea’ izena jartzea EHLGri. Ez du izenik aldatu beharko, baina.

«Zerk trabatzen du Frantzia: gure izenak, gure laborantza ereduak, bortizkeriarik gabe jarduteak edo hirurak?», galdetu izan du Berhokoirigoinek. «Ez da onartzen ahal Estatuak traba dezan garapen iraunkorrean lan egiten duen elkarte bat; laborantzan dagoen egoera larri honetan, aterabideak bilatzen dituen elkarte bat ezeztatu nahi izatea kriminala da laborarientzat».

Laborantza Ganberak bere garaian izena eta estatutuak Baionako suprefeturan aurkeztu zituen, ohiko urratsak eginez. Suprefeturak onartu zituen, eta Frantziako aldizkari ofizialean agertu zen erabakia. Alta, Philippe Gregoire garaiko suprefetak salaketa ezarri zuen. Suprefetaren iritziz, erakunde ofizial baten izena baliatu nahi zuen Laborantza Ganberak. Horrez gain, eginkizunetan erakundeen jarduna bereganatu nahi izana leporatu zion.

Harrezkero elkartasun adierazpen ugari jaso du Laborantza Ganberak.


 

 

El director donostiarra debuta en el largometraje con el enfrentamiento ideológico de una familia

 

Gorka Merchán. – DANI POZO

ISABEL REPISO – MADRID – 30/03/2009 19:59 www.publico.es

El director Gorka Merchán (Donosti, 1976) es un hombre de matices. “No es todo blanco y negro. Hay muchos tipos de víctimas: chavales a los que les caen doce años por quemar cajeros y luego Farruquito sale de la cárcel tras dos años y matar a una persona. Cuando esos chavales salen, después de seis años, son terroristas en potencia. No es justo”, resuelve sobre los efectos del conflicto vasco.

Algo sabe del tema cuando se ha pasado años investigando realidades “de todos los colores” con el fin de articular su primer largometraje, La casa de mi padre, presentado en el pasado Festival de San Sebastián, y cuyo estreno está previsto para el próximo viernes. La película –protagonizada por Juanjo Ballesta, Carmelo Gómez, Verónica Echegui, Álex Angulo y Emma Suárez– narra el antagonismo que separa a la familia Garai: entre la izquierda violenta y el rechazo a las armas.
Amor mal enfocado
“Es una gran historia de amor. A veces ese amor se expresa mal o se convierte en odio, tristemente. La actitud del personaje de Ballesta se explica por el amor a su país, que quizá esté mal enfocado… pero es un amor y hay que entenderlo”, expone con convicción conciliadora. La voluntad de evitar cualquier juicio moral ha llevado a Merchán a descontextualizar la película, fabricando un pueblo imaginario, resultado de diferentes localidades. “Es un greatest hits de Guipúzcoa: la playa de Zumaia, Hernani, Pasajes de San Juan…”, aderezado con el tema de Juan Carlos Pérez Lau Teilatu, que suena hasta tres veces en el filme, en la versión de Mikel Erentxun y Amaia Montero.

La presentación de la película se produce en un ambiente que Merchán considera esperanzador: “Hay ganas de solucionar las cosas, de empezar a hablar y de entendernos más seriamente. Inevitablemente, tiene que ver con las últimas elecciones de Euskadi, en las que Aralar ha subido en votos más del doble. Aunque nada se solucionará hasta que no aprendamos a vernos los unos en los otros”.

El filme aborda distintos puntos sensibles que afectan al día a día en el País Vasco, como la distorsión de los hechos a manos de los medios de comunicación, el rechazo a una vida escoltada o el uso del enfrentamiento por parte de los políticos. “El Estado español ejerce un nacionalismo español que es igual al nacionalismo vasco, por lo que me parece raro que no se entiendan”, alega con un ápice de sarcasmo. ¿Y sobre ETA? “Hace mucho que perdió los papeles”, dice refrendando al personaje de Angulo, abertzale violento que luchó contra la opresión franquista y tras la Transición se posiciona condenando la vía armada.

La construcción de La casa de mi padre puede leerse como una metáfora del momento que atraviesa el cine actual. Su primer largo le ha costado a Merchán cinco años de paseos de productora en productora. “El guión gustaba pero nadie se mojaba”, explica. Hasta que apareció Iker Monfort, también de Donosti, y puso el dinero para rodar este drama. “Mikel Gaztambide, guionista de Vacas, me dijo que Iñaki Mendiguren tenía un guión muy bueno”. Merchán lo leyó y se dedicó a pulirlo todavía sin tener en mente a los actores, que vendrían después. Al principio tanta negativa le resultó duro, pero visto a largo plazo, Merchán considera que le vino bien. Eso sí, la financiación para su próximo proyecto se ha ido a buscarla a EEUU.

Nos encontramos con Wafa en una cooperativa de Belén, Cisjordania. A Fatma la vimos en un campamento de refugiados en el desierto del Sahara. A Aysel en el Te Clandestino, en el centro de Estambul. A Sonia frente a la Plaza Flores, en un barrio bravo de Buenos Aires. Y a Rosa en Guanal, una comunidad rebelde de la selva Lacandona, Chiapas. Tienen en común, además de ser parte de la lucha que libran los movimientos emancipadores de sus países, que protagonizan sus propias batallas, las de las mujeres dentro de las luchas. Son, todas, mujeres guerreras.

Para una mujer, en cualquier parte del mundo, es difícil luchar y desenvolverse en condiciones de igualdad y justicia, y para estas mujeres también, con la diferencia de que están organizadas. Wafa, por ejemplo, tiene claro que el problema mayor es la ocupación israelí de los territorios palestinos (y todos los horrores que conlleva), pero además, señala, «las mujeres enfrentamos la presión de la sociedad». Wafa cuenta que si las palestinas se organizan con velo y con toda la tradición, todo es más fácil, pero si se atreven a rebelarse es mucho más difícil. Aun así, sonríe, «lo hacemos».

Rosa, tzeltal de la comunidad selvática de Guanal, Chiapas, se dice orgullosa de la organización zapatista, pues «la lucha nos ha cambiado la vida. Pero falta». Reconoce: «cuesta mucho que una mujer acepte un cargo, porque se piensa que la mujer sólo sirve para hacer el aseo de la casa, casarse y tener hijos. Pero ya se está cambiando. Me gusta ser promotora de educación autónoma, así podemos hacer más cambios».

Desde uno de los cuatro grandes campamentos de refugiados saharauis, Fatma asume que «la lucha principal es por la liberación y la recuperación de nuestro territorio, pero debe combinarse con la lucha por el reconocimiento y la superación de la mujer. Somos árabes y musulmanas, pero esto no es sinónimo de discriminación; las mujeres saharauis somos ejemplo concreto de esta otra realidad».

Y Aysel, una cocinera kurda radicada en Estambul, afirma: «Tengo esperanza de que algún día mi pueblo sea reconocido. Por un lado hay un Estado represor y por otro una organización armada en la que no me siento representada. Hay que buscar, como mujeres, otra alternativa».

En un barrio de Buenos Aires, Sonia, trabajadora sexual organizada, alza la voz: “Luchamos por libertad, por ser vistas y escuchadas, por dignidad… la prostitución te hace sentir culpable y sucia, entonces hay que rescatar la identidad, no avergonzarnos de la imagen que nos devuelve el espejo. Así, sin culpas y reconociéndose víctimas de un Estado y de sus políticos, luchar por nuestros derechos, contra la violencia y contra la explotación”.

El encuentro internacional de mujeres Mamá Corral inició hoy en el caracol zapatista de Oventic, en el municipio autónomo San Andrés Sakamch’en de los Pobres. Convocado por las comandantas del EZLN como festejo «deportivo, cultural y político», para conmemorar el Día Internacional de la Mujer y está dedicado a la memoria de doña Concepción García Esparza de Corral, nonagenaria madre de desaparecidos políticos en Ciudad Juárez, Chihuahua, fallecida semanas atrás y muy respetada por los zapatistas.

Las ‘compas’ de los Altos están a cargo de todo. Desde el acceso, donde forman una abigarrada valla de encapuchadas tras las rejas del caracol, y cuaderno en mano registran y determinan quién ingresa. Pocos pasos más adentro, en la habitual «Oficina de Mujeres», se arraciman muchas indígenas más, todas ocupadas. Unas y otras están de excelente humor, y no lo ocultan.

Música y basquetbol se juntan al final de la calzada que desciende hacia la plaza del caracol. En oleadas se ve avanzar a los equipos, todas las jugadoras corren en ágiles parvadas, persiguiendo la pelota entre las dos canastas. Se suceden partidos de fútbol y basquetbol en las distintas canchas. Compiten decenas de equipos, todos conformados por mujeres.

No es que no vinieran varones, sino que los que hay cumplen función de vigilantes, o «ayudan», o son los que cantan las cumbias en el escenario. Salen y entran del caracol centenares de mujeres indígenas, y también «de ciudad», mexicanas y de otros países. De hecho, es una movilización internacional. Para conmemorar el 8 de marzo entre las rebeldes de Chiapas.

Doña Magdalena García Durán, la dirigente mazahua que fue vejada y encarcelada por el gobierno de Enrique Peña Nieto tras el ataque policiaco en Atenco, en mayo de 2006, se encuentra, con su porte distinguido, ante una gran mesa afuera de la secundaria autónoma zapatista Primero de Enero. Enfrenta un problema: cómo acomodar los cientos de dibujos y mensajes de solidaridad y amor (sic) que recibió durante su cautiverio, y que tiene sobre la mesa en varios sobres. Desea exhibirlos, para agradecer todo ese apoyo, dice.

Le llegaron de Bruselas, Massachusetts, California, Italia, Londres, Amsterdam. Dibujos solares, palabras de simpatía y courage de niños de muchas edades e idiomas. Los sobres de donde brotan son grandes, forrados de timbres postales. Todo un grupo de niños belgas de 11 años remitió a Magdalena decenas de imágenes de la naturaleza, muy bonitas: ríos, bosques, pájaros, caballos, flores, niños. Todas cortadas en tiras y acomodadas con espacios que reproducen sobre la página las rejas de la prisión. Y le decían entonces a la artesana mazahua: «este es el mundo que te espera cuando salgas».

Ya consiguió pliegos de hojas tamaño pizarrón, masking tape y un lazo. «No traje las cartas para que no se me fueran a perder, pero recibí muchas. Hasta de una Hilaria. Les pregunté a las compañeras que quién era, y me dijeron que Hillary Clinton. Pero no le contesté. ¿Crees que sí debí?», duda levemente. Su rostro es luminoso. «Me decían en todas que también habían escrito al presidente de la República y al gobernador del estado de México, demandándoles mi libertad».

Al anochecer se reúnen las mujeres en torno a la plaza para efectuar un «programa» de números culturales, danzas, poesías, canciones y mensajes. Hasta entonces puede uno hacerse idea de la concurrencia. Unas 3 mil mujeres, y se esperan más para la celebración de este domingo.

En la convocatoria del EZLN, el subcomandante Marcos revelaba que las comandantas rebeldes, al enterarse de la muerte de doña Concepción, «decidieron llamar a esta celebración con el nombre de lucha con el que la conocimos y conocemos, Mamá Corral, para así honrar a las mujeres que son madres y que, sin importar la edad, ni se rinden, ni se venden, ni claudican».

Dos hijas de doña Concepción, ya abuelas, viajaron desde Chihuahua para presenciar la fiesta. Se les ven los ojos cuadrados al encontrarse rodeadas de millares de mujeres tzotziles (y también choles y tzeltales, cuando menos) que se reunieron en el nombre de su mamá.

Entre tanto agradecimiento que se respira, de las mujeres zapatistas con las que llegaron, y las visitantes con ellas, esta fiesta, más que ninguna otra del zapatismo, es como un gran y tranquilo abrazo.

Desde la noche del viernes comenzaron a arribar grupos de mujeres de las comunidades zapatistas de todo Chiapas, así como las venidas de otras partes. Se inscribieron tantos equipos en los torneos, comenta una participante, que algunos no alcanzaron todavía a jugar.

Los gamberros preferidos de Insumissia

Ayer lancé en las ondas de Radio Euskadi un irónico “Gora Bob Dylan!”. Hoy publico en Diario de Noticias de Gipuzkoa un artículo en el que justifico esa consigna. El artículo se titula “Dylan, fiel a sí mismo” y el texto es éste que sigue:

No sólo no acudió el viernes a Oviedo para recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Artes, sino que ni siquiera se tomó el trabajo de excusar su ausencia.

«Un maleducado«, comentó uno de los organizadores. Si quieren verlo así, háganlo, pero el hecho es que Robert Allen Zimmerman, más conocido por Bob Dylan, no había presentado su candidatura a ese Premio, ni nadie le había preguntado si lo quería.

Lo imagino haciendo una mueca burlona al enterarse de que le habían otorgado un galardón con nombre de príncipe «por conjugar la canción y la poesía en una obra que ha creado escuela y ha determinado la educación sentimental de muchos millones de personas«. Nada ha odiado tanto el inclasificable genio de Minnesota a lo largo de toda su carrera como los intentos de encasillarlo con definiciones burocráticas y envaradas como ésa.

Dylan ha sido siempre un inconformista. No sólo en su juventud. Siempre. Ahora también. El error está en confundir inconformismo y progresismo, o dar por hecho que el inconformismo va inevitablemente unido a la oposición al sistema capitalista, o a la identificación con las masas oprimidas.

Quia. El inconformismo puede tomar los más variados caminos.

Ni el Dylan joven fue un revolucionario socialista ni el Dylan adulto el meapilas reaccionario que muchos creen.

Su inconformismo -el de entonces y el de ahora- le ha llevado siempre a rebelarse, primera y principalmente, contra los intentos de etiquetarlo, de encasillarlo, de hacerlo predecible.

Pondré algunos ejemplos de su comportamiento que resultan ilustrativos.

El 13 de diciembre de 1963, en lo más dorado de su fama como cantante de protesta, una poderosa organización progresista, el Comité de Emergencia por los Derechos Civiles, le concedió el Premio Tom Payne por su contribución a la lucha contra el orden establecido. Dylan creyó que lo estaban convirtiendo en un icono dentro de un movimiento organizado, y se rebeló. A la hora de recibir el premio, espetó a los organizadores: «No me gusta su organización. No me gustan ustedes«. Y se fue.

Viajemos en el tiempo hasta 1991, 28 años después. Ese año Dylan recibió un Grammy. Las principales cadenas de televisión retransmitieron el acto. El establishment norteamericano estaba henchido por entonces de fervor patriótico (deambulábamos por lo peor de la Guerra de Golfo). Pues bien: Dylan aprovechó la ocasión para cantar Masters of War, su canción más vitriólicamente antibelicista y antimilitarista. Con lo cual sembró el estupor general. Traduzco sus versos:

«Venid, señores de la guerra, / los que fabricáis las armas, / los que fabricáis los bombarderos, / los que fabricáis grandes bombas, / los que os escondéis detrás de los muros, /los que os escondéis detrás de vuestros escritorios… / Espero que muráis, / que la muerte os llegue pronto. / Seguiré vuestro cortejo fúnebre / en la pálida tarde / y vigilaré mientras os bajan / a vuestro lecho de muerte, / y me quedaré de guardia sobre vuestras tumbas / hasta estar seguro de que habéis muerto.«

Si hubiera lanzado un cóctel molotov contra el escenario, no la habría organizado más gorda.

Muy parecido al numerito de los Grammy fue el que les montó un año después a los Clinton (¡y a los Gore!) durante un acto en el Lincoln Memorial. Cuando se suponía que Dylan iba a agasajar al emperador y a su corte, les soltó una desmelenada versión de Chimes of Freedom, canción que homenajea -cito, de pasada- «al soldado que lleva las de perder en cada noche, al refugiado en la inerme carretera de la fuga«, «al rebelde, al libertino, al infortunado, al abandonado y olvidado, al marginado que arde constantemente en la pira«, «a la maltratada madre soltera y a la mal llamada prostituta» y «al fuera de la ley por un delito insignificante, acosado y engañado por la persecución«… entre otros.

Cuentan las crónicas que los asistentes no se esforzaron demasiado por ocultar su disgusto. El impertinente había vuelto a las andadas.

Es cierto que acudió a presentar sus respetos a Juan Pablo II (imagino que para tocar las narices a cuantos se pensaron que sería incapaz de hacer algo así), pero no lo es menos que, cuando el show business norteamericano decidió boicotear a Sinéad O’Connor porque rompió durante una actuación pública una foto del Papa (del Papa, no del Rey) al grito de «¡Combatid al verdadero enemigo!» -lo hizo en protesta por el silencio papal tras las denuncias de abusos sexuales cometidos por sacerdotes católicos contra niños a su cargo-, Dylan invitó a la cantante irlandesa a participar en el concierto de homenaje que le montaron para celebrar sus 30 años de carrera. Lo cual desató otro escándalo de mucho cuidado.

De tener que aceptar algo parecido a una definición, supongo que no le molestaría demasiado que se le atribuyeran adjetivos tales como «iconoclasta». O «gamberro», incluso.

Un audaz reportero le preguntó hace muchos años: «¿Qué clase de canciones son las suyas?» «Pues, verá«, le contestó. «Tengo canciones de tres minutos, de cinco minutos, de siete minutos y hasta de diez minutos. Le parecerá increíble, pero es así«.

A Dylan le divierte chotearse de los bobos. Aunque concedan premios.

Javier Ortiz: Apuntes del Natural

 

A las mujeres aún se les exige más esfuerzo para ocupar cargos relevantes

 

Historias de una batalla por la igualdad laboral y salarial

Mujeres en sus puestos de trabajo a comienzos del Siglo XX. – PÚBLICO

ANA REQUENA / ANA TUDELA – Madrid – 07/03/2009 23:00

El 8 de marzo de 1908, las trabajadoras de una fábrica textil de Nueva York se encerraron para protestar por sus pésimas condiciones laborales. El dueño o la propia policía incendiaron el edificio para frenar la protesta. Decenas de aquellas mujeres murieron. Reclamaban un salario digno y una hora libre para amamantar a sus hijos. Cien años después, salario y compatibilidad entre vida personal y laboral siguen siendo los dos grandes retos del mercado laboral.

En los últimos quince años, la tasa de actividad y ocupación de las mujeres no ha dejado de crecer. De los ocho millones de puestos de trabajo creados, más de la mitad han sido ocupados por mujeres. Para la secretaria general de Empleo, Maravillas Rojo, esa tendencia supone «una de las mayores transformaciones del mercado laboral». El trabajo que realizan las mujeres «aún es menos valorado socialmente y eso influye en sus remuneraciones», apunta la secretaria de Igualdad de UGT, Almudena Fontecha.

 

Las españolas cobran de media un 26% menos que los hombres

Según datos de la Unión Europea, las españolas cobran un 26% menos que los españoles. En el total de los países miembros la diferencia es del 17,4% y la mitad se debe a sueldos diferentes en puestos iguales.

La Unión Europea lleva intentando solucionar estas diferencias salariales más de medio siglo. El primer paso se dio en el mismo Tratado de creación de la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1957. No fue un motivo social sino económico. Lo forzó Francia que, debido a que su legislación ya incluía la igualdad salarial, temía que la baja retribución de las mujeres de otros países se transformase en ventaja competitiva.

Los Estados miembros no cumplieron el compromiso de trasladar el artículo 119 del Tratado (ahora 141) a sus legislaciones antes de 1962 y la idea no volvió a coger impulso hasta 1974, cuando se convirtió en prioridad. Desde entonces se han sucedido las directivas igualitaristas y desde 1999 (Tratado de Amsterdam) la UE tiene potestad para intervenir en los países con el fin de eliminar discriminaciones, ya sea por sexo u otro motivo.

 

En los consejos de administración de las empresas del Ibex35 son el 6%

La economista belga Marianne Bertrand, especialista en desigualdades, señaló a Público que la maternidad es un punto de inflexión: «Los hijos hacen que aumenten la desigualdad entre géneros». Para Bertrand se trata de un problema de «estructuras»: «Habría que preguntarse si los trabajos tienen que ser así, ¿hay que trabajar tantas horas, estar disponible las 24 horas del día?». «Cuando una mujer tiene hijos su retribución cae porque son problemas, cuando un hombre los tiene se le considera más porque se les supone más responsabilidad», afirma.

El llamado «techo de cristal» continúa dificultando el acceso de las mujeres a los puestos directivos. Según la CNMV, en 2007 la presencia de las mujeres en los consejos de administración de las empresas del Ibex 35 era sólo del 6%. Además, el 40% de las compañías cotizadas en las que la presencia de las mujeres en su consejo era escasa o nula declararon no haber adoptado medidas para corregir esta situación.

Desde arriba

 

La Unión Europea intenta desde 1957 luchar contra la diferencia salarial

En cualquier caso, hay mujeres en primera línea. Steve Ballmer eligió a Rosa García para dirigir la estrategia mundial de Microsoft. Louis V. Gerstner quiso a Amparo Moraleda a la cabeza de la gestión de IBM. Ambas rompieron el patrón por méritos propios y lo recuperaron por su condición. Llegaron a lo más alto y cuando quisieron tener hijos, rechazaron otras ofertas y volvieron a España para dirigir las filiales nacionales de Microsoft e IBM.

María Luisa González Ruiz, directora de Gestión de Puntos de Suministro de Iberdrola, conocida ahora por explicar los cambios en los recibos de la luz, es la chica que entró hace 31 años en Iberduero (hoy parte de Iberdrola) y tuvo que escuchar que podía dejar su carrera de Derecho porque «los puestos de titulado superior son para hombres».

Vio cómo muchas de sus «compañeras dejaban la compañía para casarse y recibían una cantidad a modo de dote». Y asegura que dentro de su larga vida profesional Ignacio Sánchez Galán, presidente de la compañía, le parece «el que más se ha preocupado por que las mujeres ocupen puestos de responsabilidad». Un 13% del consejo de Iberdrola son mujeres, lo que dobla la media del Ibex. María Luisa Gónzalez reconoce que las mujeres, «entre nosotras, no nos ayudamos mucho» y cree que quizás es «por educación y porque nos ha costado tanto llegar que tendemos a competir entre nosotras».

Carmen Rodríguez Ares, presidenta de la Sociedad Estatal de Gestión de Activos, también ha vivido la época del «gran avance» y sigue pidiendo cambios.

«Los varones se resisten a asumir el papel que les corresponde en el hogar y ello sobrecarga de responsabilidad a las mujeres y les impide competir», comenta. Como «broma» dice que «hay muchos hombres que alargan interminablemente las reuniones para encontrarse a los niños bañados y cenados». Luego, muy en serio dice que muchas mujeres acaban por «tirar la toalla» y que «ningún país puede permitirse el lujo de formar abogadas, biólogas y economistas para que terminen ocupándose sólo de los hijos y la plancha».

Carmen Mur, presidenta de Manpower, espera «que llegue el día en que todo esto deje de ser noticia, que lo que se valore sea el talento, sin importar si es masculino o femenino».

 

Alberto Toscano · · · · ·

 

01/03/09

 

 

Tal como muestra el caso de Los Nueve de Tarnac en Francia, estamos perdiendo el abecedario político necesario para distinguir entre sabotaje y terrorismo.

 

La Guerra contra el terror, que según se nos había dicho era infinita, parece haber sobrepasado su fecha de caducidad. Incluso David Miliband ha calificado el término de engañoso y erróneo. Pero sus efectos en nuestras políticas persisten. Siguiendo un antiguo guión, las leyes que se han vendido como medidas de emergencia hunden profundamente sus raíces en las prácticas y las mentalidades de nuestros gobiernos. Todas las formas de disenso que tengan relación, por tenue que sea, con conductas ilegales por motivaciones políticas, se sitúan actualmente en el ámbito de las medidas antiterroristas, que fundamenta su racionalidad en una nebulosa «seguridad».

 

Mientras que los imperativos geopolíticos subyacentes a la guerra contra el terror están siendo fundamentalmente cuestionados, el anti-terrorismo continúa utilizándose hasta el abuso como un flexible instrumento de represión dentro y fuera de Europa. Desde el activismo ecológico hasta la investigación sociológica, hay pocas cosas que la legislación anti-terrorista no pueda abarcar. El caso de «Los Nueve de Tarnac», que recientemente ha llamado tanto la atención en Francia, después de una serie de espectaculares arrestos el 11 de Noviembre 2008, es un ejemplo de ello.

 

Este caso, que toma su nombre de un pueblo del departamento de Corrèze, donde unos cuantos acusados vivían colectivamente y se encargaban de una tienda de comestibles y un club cinematográfico, gira alrededor de la acusación de que este grupo de veinte y treintañeros politizados son los responsables de una serie de acciones de sabotaje contra las líneas de ferrocarril del TGV, o tren de alta velocidad, a principios de Noviembre, que ocasionaron retrasos masivos. Desde el principio, el caso ha sido coreografiado por el gobierno, específicamente por la ministra del interior de Sarkozy, Michèlle Alliot-Marie.

 

El caso Tarnac nos sitúa frente a un modelo de criminalización del disenso que se está volviendo cada vez más general y que es probable que se intensifique a medida que Europa (ver los acontecimientos recientes en Grecia) se vea confrontada a formas de conflicto social que cuestionan la viabilidad del orden socio-económico.

 

Las autoridades francesas han dejado claro que el objetivo de esta muy espectacular operación fue enviar un mensaje preventivo, cortar de raíz la amenaza que se percibe de movimientos anti-capitalistas que rechazan la arena parlamentaria y optan por la acción directa. Es a lo que se han referido los servicios franceses de seguridad, con la imprecisión típica de las inquisiciones, como «tendencia anarco-autonomista». También se han referido a estos medios políticos como «pre-terroristas».

 

El término es clave. En la medida en que el terrorismo ya no se percibe como táctica, aunque repugnante, sino como una especie de crimen total fuera de los límites de la explicación o de la negociación, el «pre-terrorista» está ya en camino de convertirse en un enemigo absoluto del Estado. Esta es la razón por la que el mismo acto material – el sabotaje de una línea de ferrocarril, por ejemplo- puede percibirse como un acto de vandalismo en un caso, y como un menaza política para el Estado, en otro. Las consecuencias están claras y son preocupantes.

 

La ejecución de la legislación antiterrorista es profundamente arbitraria y selectiva, dependiendo de las proclividades políticas de los ministros, magistrados y la policía, que actúan cada vez más de acuerdo y prescindiendo de las salvaguardias legales habituales, especialmente la presunción de inocencia. Si no existen pruebas consistentes –como parce ocurrir en el caso de Tarnac- entonces se sustituyen por las formas de vida y las creencias.

 

Este es el camino tomado por la propia ministra del interior. Reconociendo que en todo este asunto no había señales de ataques a personas declaró sin embargo: «han adoptado métodos subterráneos. Nunca utilizan teléfonos móviles y viven en zonas donde es muy difícil para la policía reunir información sin ser vista. Han conseguido tener, en el pueblo de Tarnac, relaciones amigables con la gente, que puede advertirles de la presencia de extranjeros». El hecho mismo de la vida colectiva, de rechazar una noción sorprendentemente restrictiva de la normalidad (utilización del móvil, vivir en la ciudad, ser fácilmente observable por la policía) se ha convertido en incriminante por sí mismo.

 

El otro elemento del proceso, la atribución a Julien Coupat (el único de los acusados todavía en cárcel preventiva) de la autoría de un libro anónimo titulado La Insurrección en Camino, que se refiere a actos de sabotaje de los transportes como parte de un surgimiento anti-capitalista de «comunas», también sigue el modelo en que el «pre» en pre-terrorismo se define según declaraciones políticas o creencias que no casan con el orden establecido.

 

El comité de apoyo a los Nueve de Tarnac ha argüido lúcidamente que el antiterrorismo se ha convertido en todo un método de gobierno, un expediente intencionadamente vago en el arsenal del Estado moderno. Es mucho lo que está en juego. Estamos perdiendo el alfabetismo político, así como la capacidad legal, de distinguir entre sabotaje y terrorismo, vandalismo y asesinato en masa, ya que cualquier alternativa opositora al statu quo es engullida bajo el paraguas del terrorismo. En tiempos de crisis y de posibles turbulencias, este pensamiento unidimensional es profundamente peligroso y una mezcla insidiosa contra la «seguridad» de todos.

 

Alberto Toscano es un columnista habitual del diario británico The Guardian.

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Garriga

 

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The Guardian, 28 enero 2009