Mario Zubiaga y Sabino Ormazábal

Finales de los noventa. Estamos en la tregua de Lizarra-Garazi y en los momentos
previos y posteriores a la misma. La desobediencia civil es una propuesta
de debate y una práctica política en alza en Euskal Herria.

Propuesta de debate, porque cada vez más sectores de los movimientos sociales
y políticos vascos así lo demandan. Varios medios de comunicación ponen el
tema a discusión, entre ellos el cerrado Egin, que da espacio a medio centenar de
artículos en su página de debate. Se editan monográficos sobre desobediencia civil
en publicaciones como Bake hitzak (de Gesto por la Paz), Hika, Ezpala, Elkarri
o Herria 2000 Eliza. Se organizan mesas redondas públicas. Se habla de
una “segunda transición”. De una nueva situación. La desobediencia civil resulta
ser uno de los tres principales temas solicitados por grupos sociales de todo tipo
para ser analizado en las dos primeras jornadas de movimientos sociales, en
mayo de 1999 y 2000. Aparece este concepto en los análisis de grupos políticos
como Zutik, Batzarre, EA, ERC, EH… y después Aralar.

Propuesta práctica, porque a las experiencias históricas de la confrontación antinuclear
(impago del recibo de luz, boicot de los trabajadores portuarios a desembarcar
material para la central de Lemoiz…) y de la insumisión victoriosa al
servicio militar obligatorio, se fueron uniendo otras realidades desobedientesrelacionadas con el soberanismo, el ecologismo (Itoiz, impago para la consecución
de una autopista sin peaje…), el empleo del euskera en el ámbito judicial, de apoyo
y alojamiento a los “sin papeles”… Son varias las campañas fomentadas desde
los Demo, ABK, Desobedientzialariak, Zuzen, Solidarios… grupos que en su mayoría
surgen esos años, mientras que aún siguen activos algunos grupos antimilitaristas,
como KEM-MOC y Kakitzat.

La imaginación se compagina con la audacia cuando sesenta personas se ponen a
jugar una partida de mus en plena vía férrea (serán todas ellas detenidas), se disfrazan otras de “Giraldilla” reivindicativa y se suben al tablado de los Mundiales de
Atletismo de Sevilla en 1999 ante millones de telespectadores o se cuelan con la
bici y sus correspondientes maillots amarillos y de la montaña en una etapa pirenaica
del Tour, mientras que los Demo se traen de Pau los 21 sillones correspondientes
a los electos vascos en el Consejo General de los Pirineos Atlánticos.

Fin del primer capítulo. La tregua de Lizarra-Garazi se rompe. En octubre de
2000, Aznar, Mayor Oreja y Garzón cortan de raíz el pujante árbol de la desobediencia
civil, activando la operación “Itzali” (apagar) y deteniendo a una decena
de personas relacionadas con la Fundación Joxemi Zumalabe, ABK y Bai Euskal
Herriari. A las mismas se les acusa de pertenecer y colaborar con ETA en una supuesta
“estrategia de desobediencia civil para subvertir el orden constitucional”.
La reacción social en Euskal Herria ante estas detenciones es importante. Se convoca
una rueda de prensa en pleno Paseo de la Concha de San Sebastián, poniendo a
la vista todo el “arsenal mortífero” que utiliza la Fundación (actas, libros, carteles, revistas…) con el respaldo de decenas de agentes sociales alrededor del “peligroso”
material incautado. Mil setecientas personas se dirigen a los juzgados y firman en
ellos una autoinculpación en la que dicen que han hecho y hacen lo mismo que las
personas detenidas, además de que las consideran presos de conciencia. Una multitudinaria manifestación, de las mayores reunidas jamás en Donostia, recorre las calles a los pocos días. Un nuevo equipo se incorpora al patronato de la Fundación.

La desobediencia civil se pone en boca de más sectores sociales. Muchos amagan,
sin más, mientras que unos pocos se esfuerzan en encontrar caminos eficaces
en diversos ámbitos. De estos años son, por ejemplo, las numerosas parodias
y actividades de los Demo en pro del bilingüismo en los servicios de la compañía
ferroviaria francesa CSNF, las escaladas a los muros carcelarios, el simulacro de
autodeterminación custodiado por boinas azules de la ONU que garantizan su libre
ejercicio en tierras vascas… Urnas y música ante imposición y uniformidad.

A su vez los debates continúan entre aquellos núcleos que, por una parte, consideran
que es posible entender la práctica desobediente como un cajón en el que
puede entrar de todo, y aquellos otros que no consideran compatible complementar
estrategias diferentes, ni siquiera por la puerta de atrás. La opción por una desobediencia estrictamente civil, es, por su coherencia, la que ha mantenido una
línea más clara y continuada en el tiempo. No en vano, las posturas pretendidamente
más radicales han provenido muchas veces de personas que nadie conocía
en el ámbito de los movimientos sociales vascos.

Sin embargo, más allá de estos debates, el daño ya estaba hecho. Desde el Estado
se logra inculcar el miedo en los sectores sociales que apostaban por el activismo
civil: numerosos organismos y personas aparecen citados en el auto judicial contra
la Fundación Zumalabe (más de medio centenar de grupos y nombres concretos,
incluso los organismos partidarios de la legalización de la marihuana son parte del
“entramado”). Al criminalizar la opción más atractiva de futuro, la desobediencia
civil, adjudicándole a ETA su maternidad, se buscaba cortocircuitar cualquier solución
que conllevase una salida no dolorosa del conflicto vasco, sin vencedores ni
vencidos, aunque la solución se propusiera desde una posición no-violenta y democrática. Es más, podría decirse que por ello mismo, por ser una alternativa de activismo no-violento, difícil de atajar con los parámetros del antiterrorismo de manual
clásico, se intentó criminalizarla de raíz. Todo lo que se hiciera de desobediencia civil a partir de mediados de los noventa era por órdenes de ETA.Ésta ha sido la tesis de la sentencia del 18/98.

Tercer capítulo. Así llegamos a la última tregua. La que más tiempo ha durado
y la que más cerca ha estado de encauzar una salida. Pero no por ello se vislumbra
distensión alguna desde los aparatos del Estado: no hay vuelta atrás en
las acusaciones; se mantiene la tesis: todo es ETA, se hagan las cosas de forma
violenta o no-violenta. La sentencia del 18/98, con la tregua ya finalizada, condena
a nueve personas por impulsar el debate social acerca de la desobediencia civil
con un total de 85 años de cárcel y 211 meses, y multas multimillonarias, a razón
de 30 euros al día. El caso está recurrido ante el Tribunal Supremo y es
inminente, en meses, su resolución.

En http://desobediencia1898.wordpress.com/ se puede tener acceso a una campaña
que está en ciernes. Los debates sobre la conveniencia de sustituir el ejercicio
de la violencia por la no-violencia quedan obstaculizados ante situaciones
como la descrita. Podríamos extendernos sobre la opción más ética y adecuada
para la realidad vasca, pero todo debate estaría condicionado por la criminalización
de la pura disidencia que hoy padecemos, por muy no-violenta que sea esa
disidencia. Además, cualquier asentimiento expreso de lo beneficioso que podría
ser impulsar una estrategia de desobediencia civil en nuestro país sería interpretado
como reiteración delictiva desde las instancias jurídicas que nos mantienen
bajo la espada de Damocles del Tribunal Supremo.

La propuesta más reciente que se ha planteado desde las posiciones que defienden
la no-violencia para la transformación social ha sido la convocatoria a finales
de junio de las conversaciones del Victoria Eugenia de Donostia. En las mismas,
una quincena de grupos que ha optado por la práctica no-violenta en su quehacer
cotidiano han intentado llegar a unos acuerdos de intervención conjunta. Puede encontrarse más información en www.noviolenciactiva.org, donde se encuentra asimismo el documento “Nuestra marcha de la sal”, fruto del debate realizado entre
los diversos agentes que han participado en estas conversaciones. Este documento
refleja las dificultades, los lugares de encuentro y las perspectivas de debate que se
plantean en la actualidad entre los grupos vascos partidarios de esta opción.

Mario Zubiaga y Sabino Ormazábal han sido sentenciados a nueve años de cárcel en la pieza de Desobediencia Civil en el proceso 18/98.

VIENTO SUR Número 101/Noviembre 2008 75

 

Duintasunez biziko bagara elkarrizketa landu behar dugu

Mikel Asurmendi Kazetaria  ARGIA 2009-01-11 — 2167.zenb

argazkiaDani Blanco

Demagun taldeak bakea eta elkarbizitza sustatzeko proposamen berria landu du iragan Eguberrietan. Ekimena hausnarketarako gunea da. Gogoetaren eta eztabaidaren bidez euskal gizartearen egoera soziopolitikoa aztertzea xedea dute antolatzaileek.

Donostiako Ernest Llluch Kultur Etxean bost lagun bildu ziren Alberto Surio kazetari eta moderatzailearen inguruan: Itziar Aspuru (Bakearen Aldeko Koordinakundea), Ramon Etxezarreta (Donostiako Udaleko Kultura zinegotzia), Joxan Rekondo (Gipuzkoako batzarkidea, EA), Fito Rodriguez (idazlea) eta Bixente Serrano Izko (idazlea).

Demagun taldearen anagramak “parlar, falar, hablar eta hitz egin” dio. Mintegi moduko hau Espainiako Estatuko beste erkidegoetara zabaltzea asmoa dute. Gogo handiz hartu genuen taldearen gonbidapena. Besteak beste, aipatutako hizlariez gainera, Gorka Espiau (Ibarretxe lehendakariaren aholkularia) eta PPko Iñigo Manrique (Gipuzkoako batzarkidea) gonbidatuak zirelako. Lehena ez zen etorri lan arrazoiak zirela medio. Bigarrena berriz, parte hartzeko gogoa azaldu ondoren, bere alderdiaren estrategiak eragotzi zuelako.

Ramon Etxezarretaren hasierako hitzak hartu ditugu mahai-inguruaren giroa baita gizartean gaur egun dagoen “elkarrizketa”ren egoeraren neurgarri. Etxezarretaren hitzetan beti berarekin akordatzen dira “marroi” horietarako, baina bera han zegoela: Lehendakaritzak bere zerbitzuak beharrezkoak ez zituelako eta bere alderdiari ez ziolako iritzia eskatu. Hori esanda, hizketaldi osoan ez zuela biktimarena egingo hitz eman zuen.

“Elkarrizketak tresna baliagarria izaten jarraitzen al du egungo egoeraren ebazpenerako?” galdetuz, abiatu zuen solasa moderatzaileak.

Itziar Aspuru: Azken bake prozesuetan elkarrizketa eta negoziazioa ez dira ondo bereizi eta definitu. Ezin da jada elkarrizketa prozesu bat abiatu ETAk biolentzia behin betiko uztea erabaki ez badu. Hitz egin behar da, baina erabilitako formatoek ez dute balio honezkero.

Ramon Etxezarreta: Elkarrizketa baliagarria da, baina ez dago baldintza gabeko elkarrizketarik. Elkarrizketa gauzatzeko guztiok lengoaia bera erabili behar dugu. Argot politikoan erabiltzen diren terminoak erretorikoak dira. Etsaia hitza, kasu. Mintzakidea etsaitzat jotzen den bitartean elkarrizketak ez du emaitza onik ekarriko.

Joxan Rekondo: Elkarrizketa baliagarria ote den? Esperientziak ezetz erakutsi digu orain arte. Elkarrizketa baliagarria da halere. Eskarmentua pilatu da maila eta testuinguru ezberdinetan. Elkarrizketaren baliagarritasuna demokraziaren oinarria da eta demokrazian ezin zaio elkarrizketaren bideari uko egin. Elkarrizketa demokraziaren markoaren baldintzapean gauzatu behar da, baina berau gauzatzeko baldintzak aldatuz doaz.

Fito Rodriguez: Zer adierazi nahi du parlamentuak? Parlar. Baina demokraziaren helburua ez da gehiengoaren eta gutxiengoaren arteko elkarrizketa soila gauzatzea, gizartearen kohesio handiena lortzea baizik. Gizartea komunitate ezberdinek osatuta dago eta egitura politikoak aldagarriak dira. Marko politikoek eta estatusek iraungi data behar dute.

Bixente Serrano Izko: Orain arte ez da baliagarria dela frogatu, baina izan behar du. Ez dago beste irtenbiderik. Kontua da ez dakigula “arazoak” ondo azaltzen. Hor hasten da elkarrizketaren erretorika. Baldintzak aipatu dituzue, baina hauek ez dira betetzen. ETAren aldetik ez dago borondate politikorik eta Estatuko indar politiko handien aldetik ere ez.

Eztabaida irekia

Funtsean bost lagunek elkarrizketaren defentsa egin zuten. Lehen hirurek bat egin zuten, ñabardurak ñabardura: oraingo marko demokratikoaren baitako elkarrizketa baliagarria da gatazka gainditzeko. Laburrean: esparru demokratikoak lehentasuna dauka euskal esparruarekikoan. Fito Rodriguez ez zetorren bat subjektu politikoa euskal herritarrak direlako, ez oraingo estatusa. Bixente Serrano Izko bat zetorren Rodriguezekin, baina bere ustez ETAk ere –Estatuaz beste– euskal herritarren erabakimena oztopatzen du.

Ondoren, solasaldia eztabaida bilakatu zen. Haien hitzek hauxe iradoki ziguten gutxi gorabehera: Nork bere erara ulertzen du elkarrizketa. Elkarrizketatzeko edo parlamentatzeko markoa zein den zehazteko orduan, denbora eta espazio aldagaiak zehaztea berebizikoa da. Horietan murgildu ziren solaskideak.

Zein da gaur egungo elkarrizketa politikoa finkatzeko abiapuntua? Trantsizioa, Espainiako Konstituzioa, Gernikako Estatutua, Lemoizko Zentral Nuklearra, NATOri buruzko erreferenduma, Ajuria Eneko Ituna, Lizarra-Garaziko Akordioa, Anoetako proposamena, Loiolako elkarrizketak… Horra, gure herri honetako azken hamar urteotako gatazkaren mugarriak. Horiek aipatu zituzten, besteak beste.

Fito Rodriguezek historia berrian murgiltzeko gogo bizia agertu zuen. Besteek egungo denboran eta espazioan mugatzea nahiago zuten. Rodriguezek ebatzi zuen: “Estatuak ez du soluzioa nahi, inboluzioa baizik”. Beste lauek beste dimentsio batean jardun zuten, eta lau hauen artean Serrano Izkok bere ñabardurak egin zituen. Arazoa espainolena edo euskaldunona ote den ere agertu zen eztabaidan. Zenbat buru hainbat aburu. Ñabardurak ere asko izan ziren.
Elkarrizketaren baliagarritasuna hizpide berriz ere, hona gure ondorioa: gatazkaren eragileek darabiltzan estrategiak nork bere probetxurako zuzenduak diren bitartean, elkarrizketek nekez ekarriko dute emaitza onik. Elkarrizketa gizartea kohesionatzeko baliagarria ez den bitartean, elkarrizketek huts egingo dute.

Prozesuek zer ikasgai ekarri dute, porrotaren ostean?

Serrano Izko: Frustrazioa. Baina ondorioak atera daitezke. Kasu guztietan eragileak nahasi ziren. Bat: ez zuten planteatu elkarrizketa arazoa konpontzeko, protagonismoa irabazteko baizik. Bi: gizartearen hegemonia ekarriko duen estrategiaren ordez, beren interesen aldeko estrategia erabili dute indar politikoek.
Etxezarreta: Aukera galduak berreskura ezinak dira. Balio dute ikasteko baina zerbait berria asmatu behar da. Jarrera sozialak landu behar ditugu esparru politikoan eragin dezaten. Baina uneon gauzagarria al da? Ez. Hurkoaren onarpen sozialik gabe, ez. Hainbat herritar mehatxatuta dagoen bitartean, ez. Aniztasuna bokazioa eta jarrera da. Gizartea anitza da eta gizabanakook pluralistak izaten ikasi behar dugu. Lizarra-Garaziko prozesua norbanako pluralisten kontrako eredua izan zen, egoera negargarria.

Rodriguez: Nire elkartasuna Ramon. Nik ere negar egiten dut, eta ni ere gatazka biolentoa esparru politikora ekartzeko lanean ari naiz. Artean baina, Estatuak darabilen bide politikoa kriminala da. Ajuria Eneko Itunaren bidea berpiztu nahi du berriz. Lizarra-Garaziren garaia ona izan zen, “demokrata” eta “biolento”en arteko dilema gainditzeko aukera zabaldu zuelako. Ez zitzaizula gustatu? Ados. Baina hortik ikasi behar dugu. Estatuak ez du urratsik eman nahi bide horretan. Berriz ere inboluzio garaia heldu da. Eta hemen ekaitza iragazten duena kartzelaratzen da.

Rekondo: Ramonekin ados, eta nire elkartasuna dauka. Frakasoetatik ikasten da. Lizarra-Garazi hasi zen moduarekin ados nintzen, baina gero hartu zuen bidearekin ez. Modu kritikoan bizi izan nuen prozesua. Nik, politikoki, Lizarrako eta Loiolako frakasoak denbora eta espazioan kokatzen ditut. ETAren estrategia politiko-militarra, maoismoaren ildokoa, gatazka luzatzearen aldekoa da. Politikoen arriskua epe laburrera jokatzea da. Prozesuek ilusio handia dakarte baina porrotak desilusio are handiagoa. Denbora behar da, bidezidorrik hartu gabe, biolentziaren monopolioa horrenbeste erabili gabe eta alderdien elkar ulertzea medio. Espazioa gizarteak hautatu duen tokietan dago: parlamentuetan. Gizartea dinamizatu behar da denbora eta leku koordenatu horietan.

Aspuru: Ikasgai nagusia hauxe: gizarteak ikasi behar du prozesuen porrota ETAren ardura dela. Gizarteak pentsatzen badu, prozesuaren ardura indar politikoen ardura dela, akabo. Eskema errepikatu da: ETAk maximalismoak planteatzen ditu eta jarraitzen du hiltzen. Ezin da jada ETAk zer erabaki hartuko duen kontuan izan. ETAk bortxa bukatutzat eman behar du kontrapartidarik gabe. Politikoki esparrua definituta dago, orain gizartea egituratu behar dugu biolentziak ez duela batere zentzurik areago barnera dezan. ETAk sentituko balu gizartearen gehiengoak ematen diola bizkarra aurreratuagoak ginateke. ETA sozialki irabazi behar dugu.

Onartu daiteke biolentzia justifikatzen duen eragilea elkarrizketan?

Aspuru: Ez. Zure iritzia dela eta, zu akabatzen zaituelako.

Rekondo: Zaila egiten zait ETA onartzea mintzakide bezala. Baina Ajuria Eneko 10. puntuan horrela dago idatzia.

Etxezarreta
: Biolentzia erabiltzen duena ez da eragile politikoa. ETArekin hitz egin beharko da, baina ez markoaren aldaketaz.

Serrano Izko: Zaila da erantzuten, ezinezkoa. Modu abstraktu batean ari gara. ETAk utzi behar dio eragile eta mintzakide politiko izateari, baina hitz egin behar da dagoen arazoa konpontzeko. ETAri irtenbidea eman behar zaio gizartearen kohesioa gauzatu ahal izateko.

Rodriguez: Gakoa hauxe da: “demokrazia gehiago eta biolentzia gutxiago”. Hemen Estatuak alderantzizko formula darabil. Ados nago Itziarrekin ezin dela ETAren zain egon esatean [ironiaz], bestela Estatuaren inboluzio nahia gailenduko da.

Ondorio gisa

Hizlariei entzundakoan, ondorioa: Elkarrizketa beharrezkoa da. Mahai-inguruan egindakoa lekuko. Ikasi behar dugu elkar entzuten. Gatazka ez da gaiztoen eta onen arteko auzia. Euskal Herria edo gizartea ez da maitatzen norbanakoa eta hurkoa banan bana maitatu gabe. Elkarrizketa ez bada esperientzia pertsonal gisa lantzen, gizartean eta praktikan, ez du emaitzarik ekarriko. Alabaina, ez gaitezen inozoak izan elkarrizketa politikoa da, ez da huts eta aratz. Ezin dugu elkarrizketa idealizatu. Elkarrizketa errealitatearen ideia ezberdinak batzeko saiakera da. Baina elkarrizketa ez da borondate oneko kontua, bizitzeko beharrezkoa baizik. Elkarrizketak norbanakoari duintasuna ematen dio.

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Donostia, 2008-12-20

 

Ayer viernes 19 de diciembre, tuvo lugar en la Casa de Cultura Ernest Lluch de Anoeta, Donostia, una mesa redonda a puerta cerrada y grabada por tres cámaras en la que los ponentes Ramón Etxezarreta (Delegado cultura del Ayuntamiento de Donostia por el PSE-EE), Itziar Aispuru (Gesto por la Paz), Joxan Rekondo (Juntero de EA por Gipuzkoa), Fito Rodrìguez (miembro de la izquierda abertzale y escritor) y Bixente Serrano Izko (candidato al Senado por NaBai), moderados por el periodista Alberto Surio debatieron sobre:

 

1ª La utilidad del diálogo como herramienta para la resolución de la situación actual

 

2ª El reconocimiento como actor para el diálogo a un interlocutor que justifica o ejerce la violencia. La posibilidad de dialogar en un escenario en el que se ejerce la violencia.

 

3ª Límites del diálogo en una situación como la que padecemos.

 

Además de los ya citados, hasta última hora estuvo en ciernes la presencia del juntero del PP Iñigo Manrique, que finalmente no acudió al no recibir el visto bueno de la ejecutiva de su partido. Igualmente excusó su ausencia el responsable de comunicación del gobierno de Ibarretxe, Gorka Espiau, al que le surgió un acto de última hora en Lehendakaritza. Demagun, organismo organizador del acto, espera que tanto estas dos personas, como una treintena de agentes políticos y sociales, a los que se les cursará invitación en breve, accedan a debatir virtualmente a partir de los presupuestos planteados el pasado viernes.

 

El acto, nada usual por su formato, estuvo lleno de matices y precisiones en torno al avance o retroceso de una solución dialogada del conflicto. Ni siquiera el lugar en el que se estaba desarrollando el acto escapó a los diferentes enfoques de los contertulios. Si Fito Rodríguez hizo alusión al “Espíritu de Anoeta”, por el lugar en el que se estaba celebrando el encuentro, el delegado de cultura del ayuntamiento donostiarra, Ramón Etxezarreta, precisó que el debate se estaba desarrollando más concretamente en el aula de cultura Ernest Lluch, ex ministro de un Gobierno socialista, que fue objetivo mortal de ETA en 2000. Por su parte Itziar Aispuru situó la responsabilidad exclusiva de ETA en finalizar su actividad para permitir cualquier solución dialogada, Joxan Rekondo situó el debate en que la decisión final del conflicto se debe resolver entre la ciudadanía vasca y Bixente Serrano Izko reforzó la idea de que el diálogo y la resolución del conflicto es una absoluta necesidad para sobrevivir como realidad nacional.

 

A modo de propuesta novedosa de difusión y participación, para reactivar el diálogo sobre esta cuestión, tanto la versión completa, como distintos fragmentos del debate, podrán ser consultados en breve en el sitio web, www.hitzegin.org

En próximos días colgaremos el debate íntegro en nuestra web, y también en www.hitzegin.org

 

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Rafael Reig responde a las cartas de los lectores

Publico.es

19 Dic 2008

 

Leo en su periódico que Rodríguez Zapatero destaca que cada dos días se detiene a un etarra. No estoy muy ducho en materia antiterrorista, pero me parece difícil que ETA tenga a tantos miembros en activo actualmente. Así que sigo leyendo y más abajo encuentro que el presidente, en realidad, habla de 365 presuntos etarras, lo que cambia sustancialmente las cosas. Pero, a renglón seguido, la noticia vuelve a referirse a 365 miembros de ETA, es decir, 365 personas juzgadas y condenadas por delitos de terrorismo. Estaría bien que nos informaran sobre cuántos de esos 365 sospechosos de pertenencia o colaboración con banda armada son finalmente declarados culpables. Aunque temo que esos términos, sospechoso y culpable, cada vez más nos parecen sinónimos. Si aparece la palabra terrorista, todo desacuerdo con la información o con la opinión se interpreta como peligrosa justificación de la violencia. O sea: o conmigo, o contra mí.

 

FERNANDO LAVIANA MARTÍNEZ SEVILLA

En el paseo por el periódico tropezamos los dos en la misma piedra: también me quedé atónito ante ese titular. Lo primero que pensé fue en Uribe, ese campeón de la democracia. Otro que tal baila, me dije, porque acababa de leer que el presidente de Colombia presume de detener a ocho guerrilleros diarios.

La jactancia de Zapatero se basaba en dos cosas, a cual más entristecedora. Una, como usted señala, en eliminar la presunción de inocencia: acusar a 365 personas de algo es ya lo mismo que condenar a 365 culpables. Otra (complementaria), la perversión de la lucha contra el terrorismo mediante la célebre “teoría del entorno”. En 2007 se celebraron 59 juicios contra 178 personas. 52 de ellas fueron condenadas en el sumario del caso Ekin. En total, ¿cuántos son condenados por pertenencia a una banda armada y cuántos por escribir un artículo o algo así, sin tener más relación con ETA? No he logrado encontrar datos: la “teoría del entorno” consiste en que da lo mismo. Es complementaria porque sirve, entre otras cosas, para eliminar la presunción de inocencia. Cualquiera, incluso sin saberlo, puede formar parte de un “entorno”: basta una acción legal, pero que coincida con los fines de una banda ilegal.

Así estamos: para luchar contra el terrorismo hay que firmar un cheque en blanco al Gobierno. Si no, ya pasas a formar parte de ese difuso y voraz “entorno” que va absorbiendo a cualquiera que no admita que vale todo. Un poco de miedo sí que da, para qué negarlo.

1 comentario

Comentario por Juan — 19/12/2008 @ 10:20

Estoy de acuerdo totalmente con los dos, lo que cuentan es el origen también de la guerra preventiva y monsergas de ese tipo. La ley desprovista de sentimientos de odio y de venganza se ve suplantada por estos últimos que lo justifican todo. Lo cierto es que estos argumentos pueden ser utilizados ahora por nacionalistas errados de forma victimista, pero es una espiral que dificilmente tiene salida. Pienso que manejarse de forma correcta legitima tu postura y lo contrario, incluso teniendo razón es dar argumentos a la otra parte. Argumentos reales por ottro lado. En otras palabras la mano dura sin las debidas garantías no soluciona nada, y engendra un bucle de violencia en el que nadie tiene razón del todo (como siempre pasa por otro lado). Sólo los probados terroristas deben ser condenados, aplicar la ley es eso y nada más. Las detenciones preventivas infundadas, meter a todos en el mmismo saco, difuminar el contorno entre sospechoso y procesado o condenado y por tanto terrorista es un error que vulner garantías que escritas quedan bien porque a priori parecen justas

Gran éxito de los organizadores de derrotas: por primera vez en tres décadas, este año no habrá partido navideño de la selección vasca. El programado contra Irán para el día 27 en San Mamés ha sido suspendido ante el desafío planteado a la Federación Vasca por 165 jugadores, entre ellos todos los del Athletic y gran parte de los de la Real, que amenazaron con no disputar el encuentro si la selección no se llamaba «de Euskal Herria», y no «de Euskadi», que fue la denominación utilizada en los años treinta y desde 1979 hasta diciembre de 2007, en que se cambió por presiones del mismo sector que ahora plantea el desafío.

El episodio constituye una metáfora de dos de los peores males de la sociedad vasca actual: la ignorancia sobre la propia historia y la intransigencia. Euskadi es un neologismo inventado por Sabino Arana para designar a los siete territorios vascos cuya independencia reclamaba el nacionalismo. El término pasó a ETA, que lo sigue manteniendo en sus siglas (Euskadi Ta Askatasuna) y a la izquierda abertzale, que hasta hace poco veía con sospecha el empleo de la denominación alternativa, Euskal Herria, considerada poco política, meramente geográfica: más propia de profesores o de carlistas que de auténticos gudaris.

Hasta que, hacia 1992, y sin que mediara explicación, ETA comenzó a utilizar el término Euskal Herria, que se convirtió así en signo diferenciador respecto al nacionalismo institucional. A partir del pacto de Lizarra, EA y el PNV se sumaron a la nueva moda. Sin embargo, aplicarla al fútbol planteaba el problema de la ruptura con la tradición de la selección vasca que en plena Guerra Civil llevó el nombre de Euskadi a 38 ciudades europeas y americanas; y el de la demasiado visible voluntad de identificación con el radicalismo abertzale. Por eso la Federación Vasca de Fútbol, con el apoyo de las de otros deportes, decidió recuperar el nombre tradicional.

El chantaje (Euskal Herria o no jugamos) es también reflejo de la intransigencia que domina otras realidades vascas, y expresión de un cierto masoquismo: el de quienes prefieren quedarse sin partido que sin motivo de queja.

El Pais 19/12/08

El comunicado Ecologistas contra el terror, en el que los responsables de los cinco principales grupos ecologistas españoles condenan el asesinato del empresario Inaxio Uria y piden a los sordos e insensibles asesinos que no maten «en nombre de la ecología», es digno de tener en cuenta. También lo es la actitud de algunos dirigentes de la plataforma de oposición al tren de alta velocidad AHTGelditu que, siendo activos militantes del abertzalismo de izquierdas e inequívocos independentistas, han pedido a ETA que «deje de interferir en las luchas sociales y que deje de tutelar a la sociedad vasca». Lo negativo ha sido que quienes se han manifestado en Durango contra el TAV no se hayan acordado del asesinado, dando a entender con su impasibilidad ante la muerte inocente que forma parte de su guión o que, al menos, no lo interfiere demasiado. Si a todo esto añadimos la zafiedad con que algunas formaciones políticas administran su acción en las corporaciones locales, facilitando que alcaldes proetarras conserven sus puestos tras negarse a condenar sus asesinatos, habremos completado este caos difícil de comprender, que tanto está colaborando en la degradación de nuestros principios democráticos.

ETA nunca ha dicho que mata y extorsiona porque su objetivo sea exclusivamente sembrar el terror. Primero justificó sus acciones por la necesidad de combatir a la dictadura franquista y a sus abusos. Luego afirmó que su presencia aún era necesaria mientras se iba construyendo y consolidando la democracia, aunque sólo consiguiera suministrar atenuantes y facilitar excusas a quienes creían que al franquismo debía sucederle otro franquismo. Y después, tras sucesivas amnistías y procesos de rehabilitación y perdón destinados a los etarras, arrepentidos o no, ETA (lo que ha ido quedando de ella en cada momento) ha ido enarbolando ocasionales banderas, perturbando cuanto ha tocado y construyendo un amplísimo entramado social que, por compartir algunos de sus «objetivos», ha ido incorporando al elenco de sus partidarios, en muchos casos sin serlo realmente. Al terrorismo etarra nunca le han faltado unas siglas que aglutinaran adeptos (HB, ANV, EHAK, HZ, EH,…), tan atemorizados ante las posibles consecuencias del terrorismo como los propios amenazados por la banda, porque es cierto que quien critica a ETA y la condena, aunque su voz surja del seno de la llamada izquierda abertzale, se convierte en un amenazado. De ahí surge esta sociedad vasca remisa y pacata que no se subleva ante la barbarie con la debida contundencia y deja que le gobiernen, al menos, 42 alcaldes que no se asustan ni se sensibilizan ante un asesinado.

ETA mató para evitar que se construyera una central nuclear, para evitar la construcción de una autopista, y ahora parece que lo hace para evitar un trazado ferroviario. Ha matado para liberar a los vascos del «yugo de España», pero los quiere sometidos al chasquido de sus gatillos y al estruendo de sus bombas. Ha matado en nombre de los jóvenes vascos a los que ha ofrecido instrucción en algunas herrikos para que sigan sus pasos, y ha matado en nombre de los obreros vascos «explotados» mediante explosiones y extorsiones que se han llevado por delante indiscriminadamente a obreros, jóvenes, empresarios, asalariados y todo tipo de ciudadanos. Continuamente, ETA ha acudido a coartadas y falsas razones difundidas por quienes, haciendo alarde de su condición democrática, han puesto más esfuerzo en cuestionar el sistema que en evitarle factores enrarecedores, como son los terroristas y quienes, por una u otra razón, le prestan cobertura.

Por todo esto resulta esperanzador el manifiesto de las organizaciones ecologistas, dicho «alto y claro», que puntualiza que el crimen de Inaxio Uria «no sólo es una atrocidad injustificable, sino que perjudica gravemente a la causa que pretendidamente defiende». Así es, porque si el trazado del TAV «estropea el entorno», tal como ha dicho AHT Gelditu, asistir a un asesinato tan gratuito sin condenarlo estropea la vida, que es mucho más importante que cualquier entorno. Tal como apunta el comunicado, cabe la posibilidad de que ETA trate de buscar «algún resto de legitimidad en el nutrido grupo de ciudadanos vascos que comparte un alto nivel de conciencia ambiental», pero para asesinar en su nombre debiera consultarles antes de hacerlo: si lo hiciera serían los ecologistas mismos quienes se lo impedirían. Dado que su decisión de asesinar en nombre de la ecología es tan brutal como arbitraria lo lógico es que el movimiento ecologista vasco exija a quienes matan y a quienes les apoyan que abandonen su terreno.

«No queremos defender el medio ambiente ni parar la destrucción de los ecosistemas así, mediante el asesinato de una persona», sentencia el comunicado. Sin embargo, son necesarias las personas sensibilizadas con la conservación de un medio ambiente bello, equilibrado y saludable. Son necesarias las organizaciones ecologistas dispuestas a denunciar los posibles abusos y dispuestas así mismo a colaborar con la Administración en la consecución de entornos favorables a la felicidad, o en el suministro de servicios básicos con el mínimo perjuicio ambiental. Lo sostenible son las organizaciones ecologistas. Lo insostenible es una sociedad que permanece impasible ante un asesinato, aunque los asesinos vayan vestidos de verde fragancia.

Josu Montalbán es diputado del PSE por Vizcaya.

El Pais 19/12/08

ANDER LANDABURU 15/12/2008

 

«Falta respeto en el País Vasco: respeto por la vida y por la integridad física, negadas por los terroristas de ETA; respeto por la palabra dada, por las reglas de juego y por los procedimientos legales; respeto por los que sufren y son injustamente perseguidos; respeto por las víctimas y por sus familias, en definitiva, falta respeto por el otro y por su dignidad». En su pequeño despacho de catedrático de Filosofía del Derecho de la Universidad Carlos III de Madrid, Gregorio Peces-Barba, visiblemente enojado y apesadumbrado ha bajado su habitual tono de voz, para fijar la mirada en los titulares de prensa, que siguen hablando del asesinato en Azpeitia del empresario Ignacio Uria. Es el último episodio de una escalofriante historia que dura ya casi medio siglo y contra la que desde su atalaya de catedrático, político o abogado el ex presidente de las Cortes ha venido luchando, desesperándose de que siga habiendo fanáticos que justifican esos atentados. Para él no hay duda, el País Vasco padece una crisis moral profunda envuelta en un ideario nacionalista soberanista que carece de posibilidades y de futuro, pero que aún mantiene demasiadas adhesiones.

 

Hace pocos días tuvo ocasión de celebrar el XXX aniversario de la Constitución junto a los demás padres de la Carta Magna. Un grato encuentro que, sin embargo, no diluyen en su memoria los difíciles años anteriores a la transición y los peligrosos estertores del franquismo. Peces-Barba no olvida que en estas fechas de diciembre, hace 38 años, participó en uno de los acontecimientos políticos que iba a herir de muerte al régimen franquista: el histórico Proceso de Burgos, celebrado en diciembre de 1970. Con ese juicio contra ETA, «los militares querían -según escribió más tarde Mario Onaindia, uno de los acusados- querían montar un gran acto publicitario, sin duda alguna, para garantizar la supervivencia del régimen». Pero el tiempo que tardaron en preparar aquel espectáculo hizo posible, por otro lado, que las fuerzas de oposición al régimen se preparasen para este proceso y nombrasen a un espectacular abanico de letrados vascos, a los que se sumaron Gregorio Peces-Barba, cercano al socialismo, y Josep Solé Barberá, del PSUC catalán, para defender a los 16 acusados etarras.

Casi 40 años después, habla con cariño de su entonces defendido, Víctor Arana Bilbao, Txepetón, «reinsertado desde el inicio de la democracia y con un comportamiento ciudadano ejemplar». Pero reconoce que su defensa debió de ser muy mala, porque a su «pobre» cliente le cayeron 70 años de cárcel, cuando la fiscalía «sólo» había pedido sesenta. «En la cárcel tuve muy buena relación con Arana, luego con su familia, y a su niño le regalé un balón del Real Madrid, que su padre consideró como una pequeña provocación pero aceptó por ser regalo mío». Ese niño le recordaba también su infancia, cuando con cuatro o cinco años Gregorio visitaba a su padre en la cárcel de Torrijos, donde estaba recluido por «auxilio a la rebelión», que era el delito creado a posteriori para condenar a los vencidos de la Guerra Civil.

Algunos de aquellos condenados de Burgos pronto se alejaron de los planteamientos violentos de ETA, como Mario Onaindia, Javier Izko o Teo Uriarte, pero otros continúan en torno a los grupos radicales que les apoyan o sostienen. En las conversaciones que Peces-Barba mantuvo con algunos de ellos durante el proceso, pudo comprender que se tendrían muchos problemas con aquella gente, obstinada, dogmática y poco preparada para superar la tentación de la violencia. «Hoy», apunta el catedrático, «son enemigos reales de la democracia. Y aunque la paz es un valor muy importante, no hay que hacer concesiones para lograrla sobre temas de fondo que afecten a los principios, sino sólo administrar medidas personales después de que se acredite que abandonan la violencia. Cualquier concesión, cualquier afirmación de compartir alguno de sus fines, no sólo favorece a ETA, sino que ha servido para justificar su violencia criminal».

Sin embargo, la relación de Peces-Barba con el País Vasco se inicia mucho antes del Proceso de Burgos. Estando en COU, unos amigos le invitan a veranear a Zarautz, y a partir de entonces y con toda su familia se trasladará a Hondarribia, en donde pasarán los veranos hasta principios de los setenta. Esos años coinciden también con una efímera «aventura» democristiana que se acaba en 1964, y hasta 1972, que empieza a militar en la clandestinidad en el PSOE de Madrid, no se comprometerá con la actividad política partidaria, dedicándose casi en exclusiva a la fundación y lanzamiento de la revista Cuadernos para el Diálogo, a sus tareas universitarias y a la defensa ante el Tribunal de Orden Público (TOP) y los tribunales militares de militantes antifranquistas.

Pero esas estancias veraniegas en Euskadi también le sirven para mantener sus primeras relaciones con la oposición política vasca. Tras instalar junto con Tomás Quadra Salcedo su primer despecho profesional en Madrid, se trasladará a menudo a Euskadi para participar, por ejemplo, como letrado defensor en el sumario I/63, el primer proceso contra CC OO, que instruyó y juzgó en el TOP. Fue su estreno y el de ese tribunal, ante el que le tocó defender a miembros de la Comisión Obrera de Vizcaya como David Morín y Gómez Lavín. Les condenaron sólo a arresto mayor por haberse constituido sin las formalidades exigidas por las leyes. Después, cuando el fenómeno de las comisiones obreras se multiplicó, el tribunal las vinculó con al Partido Comunista y aumentó considerablemente las penas. Desde 1963 hasta 1976, en que se suprimió el TOP, el despacho de Peces-Barba defendió más de mil casos: «Eran procesos absurdos», afirma desde la distancia.

En Euskadi sus contactos se multiplican con gente afín a Cuadernos para el Diálogo y con el PNV, fundamentalmente. «Tuve relación con el Gobierno vasco en el exilio en Paris: con el propio lehendakari Leizaola y con Joseba Rezola, y posteriormente, de manera bastante habitual, fui defendiendo a muchos militantes del PNV hasta 1975″. Recuerda algunos casos pintorescos, como la reunión de una quincena de abogados para defender a otros tantos militantes nacionalistas acusados de colocar una ikurriña en la torre de la iglesia el Buen Pastor de San Sebastián. Entre los acusados estaba el senador Joseba Elosegi, ex comandante de gudaris durante la guerra, testigo del bombardeo de Gernika y protagonista de un espectacular suceso, cuando el 18 de setiembre de 1970 intentó inmolarse a lo bonzo ante Franco en el frontón de Anoeta de la capital donostiarra. «Joseba Elosegi era una persona muy afable, valiente y con gran sentido del humor».

Pero Peces-Barba, muy pronto percibe la diferencia entre los dos mundos nacionalistas, el radical y el moderado. Pare él, el PNV era otro grupo de oposición al franquismo y tenía todo su apoyo y su comprensión. Afirma que entonces ninguna de las dimensiones que él consideraría separatistas aparecían en sus postulados. «Lo que sí percibí entonces es que algunos de los militantes de aquella primera ornada de ETA eran unos idealistas, pero otros ya apuntaban a ser unos criminales [ETA empezó a matar en 1968]. Eso sí me empieza a preocupar seriamente, como el clima de dura tensión que se va imponiendo».

A partir de 1972, Peces-Barba inicia también sus contactos con los socialistas vascos. Interviene en Euskadi en temas de formación y conoce enseguida a Enrique Múgica y a Txiki Benagas. En Francia, en Carmaux, cerca de Toulouse, en unos locales cedidos por el ayuntamiento socialista, organiza un seminario de formación al que acuden muchos militantes del País Vasco, entre ellos José Antonio Maturana y «un joven muy listo, desde entonces una de las buenas cabezas del socialismo vasco», dice de Ramón Jáuregui. También se relaciona con Nicolás Redondo Urbieta, Eduardo López Albisu (el padre de Patxi López) y, por supuesto, con Ramón Rubial. «Era un compañero respetado y querido por todos; por su ejemplo de militancia y por los 20 años largos de represión en la cárcel que sufrió durante el franquismo. Siempre sentí por él un gran afecto. Todos le debemos mucho».

Siguen luego los meses de labor clandestina, hasta el llamado pacto del Betis entre los socialistas andaluces y vascos, y el primer congreso del partido en semi-libertad, en diciembre de 1976, que el futuro rector de la Carlos III recuerda con cierta amargura. Pero los contactos se recomponen cuando Felipe González le pide que vaya de diputado por Valladolid. A partir de 1977 reanuda también sus relaciones con el PNV, siendo Peces-Barba testigo directo del comportamiento de los nacionalistas ante la Constitución. «Un comportamiento muy poco claro y ambiguo». «Es absolutamente falso», asegura, «que nadie les cerrase el camino en la ponencia constitucional. Ellos jamás lo quisieron, pero luego sí se rasgaron las vestiduras, cosa que es muy suya. Estaban muy satisfechos con la representación de Miquel Roca [de CiU], pero lo cierto es que, al mes de empezar nuestro trabajo, Roca nos dijo que consideraba insoportable a esa gente y que él, desde luego, no les representaba».

A partir de ese momento, el PNV empezó a asistir a las reuniones paralelas a la ponencia que se celebraban por la noche después de los acuerdos con UCD, donde iban todos menos Manuel Fraga y se preparaban los pactos y acuerdos para los debates posteriores. Según Peces-Barba, en todas las reuniones el PNV pedía algo y los demás hacían muchos esfuerzos para complacerles, con la idea de conseguir que votasen favorablemente el texto constitucional. Hasta que un día, en el Senado el vicepresidente Fernando Abril Martorell dijo «hasta aquí hemos llegado» y no se aceptaron los últimos planteamientos del PNV sobre derechos históricos. «Además, notaba por mi parte una cierta contradicción entre defender unos derechos históricos, que más bien estaban vinculados a tesis tradicionalistas o carlistas, y luego posiciones separatistas que eran otra filosofía diferente». Tres décadas más tarde, lamenta la muerte temprana del entonces líder del PNV, Juan Ajuriaguerra, al que tenía gran afecto. Cree que hubiese llevado a su partido a apoyar la Constitución y no a ese juego ilógico de rechazarla pero aceptar el Estatuto, cuando éste viene de ella. «No, para ellos el Estatuto era la vía que llegaba del cielo, y en esa postura se mantuvieron Marcos Vizcaya, Andoni Monforte, Carlos Garaikoetxea y el mismo Arzalluz, con los que tuve relación».

«Este último», comenta, «era muy reticente, muy reservado, y no quería que se supiese que participaba en las reuniones de las noches. En una de ellas, Abril Martorell, salió al balcón de mi despacho a fumar y el retén de periodistas que montaba guardia delante del edificio dispararon sus flases hacía el dirigente de UCD. ‘Nos han descubierto», dijo éste, y decidimos suspender la reunión. Entonces, Arzalluz me preguntó si podía quedarse en mi despacho, que ya descansaría en una butaca. Me sorprendió muchísimo su petición, pero tampoco me opuse. No le pregunté por qué lo hacía, pero era obvio que no quería que le vieran los periodistas. Se quedó toda la noche allí y salió a las siete de la mañana, cruzándose con una piadosa vecina que iba a misa de ocho y que se asustó tanto que le confundió con un violador».

Cuenta Peces Barba que mantuvo buenas relaciones con diputados nacionalistas, que se encontraban muy cómodos en Madrid, y también conoció al actual consejero de Justicia del Gobierno vasco, Joseba Azkarraga. «Entonces era muy simpático, pero ahora es unos de los talibanes vascos. Mientras el PNV da una de cal y otra de arena, la ambigüedad de la EB de Madrazo y la EA de Azkarraga no ayuda nada. A este último parece que le molesta que se detengan etarras, siempre encuentra alguna pega o lanza alguna advertencia al respecto».

En cuanto a su relación con Ibarretxe, el catedrático reconoce que, a nivel personal, el trato ha sido bueno, pero que el lehendakari no ha dejado de sorprenderle. Por ejemplo, aquel día en un homenaje a Fernando Buesa, cuando aplaudió a rabiar después de que José Ramón Recalde terminase una intervención durísima contra él y su Gobierno. «Eso me resultó verdaderamente sorprendente, como cuando me afirmaba que su plan se tenía que aprobar porque es perfectamente constitucional. Me jugué una comida con él, y todavía me la debe».

El ex presidente de las Cortes, después de medio siglo de relación con Euskadi y su gente, sigue convencido de que tanto el nacionalismo vasco como el españolismo cerrado el PP deben ser superados si se quiere recuperar la convivencia civil. Y, desde luego, piensa que esa relación debe abordarse con fórmulas distintas al Plan Ibarretxe, que ve bien enterrado y sin resurrección posible tras las elecciones. «Creo firmemente que el problema vasco no tendrá solución hasta que los nacionalistas pierdan el poder y pasen a la oposición», concluye.

Gregorio Peces-Barba

Gregorio Peces-Barba (Madrid, 1938) se licenció en Derecho y ejerció como abogado desde 1962 hasta 1977, defendiendo ante los tribunales a numerosos militantes antifranquistas de diversos partidos y sindicatos. También intervino en el histórico Proceso de Burgos. Diputado del PSOE por Valladolid en las tres primeras legislaturas, fue miembro de la ponencia constitucional y participó en todas las leyes orgánicas destinadas a desarrollar la Constitución de 1978. De 1982 a 1986 presidió el Congreso de los Diputados y antes fue secretario general del Instituto de Derechos Humanos. Rector de la Universidad Carlos III de Madrid hasta hace unos meses y autor de más de 20 libros, ha sido también Alto Comisionado de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo.

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Arnaldo Otegi

Ésta es su primera entrevista para un medio nacional desde que salió de prisión hace tres meses. Transcurrido ya un año y medio desde el final del proceso de negociación, Arnaldo Otegi subraya la necesidad de articular una estrategia que supere el actual bloqueo y posibilite saltar el muro contra el que se han estrellado históricamente las reivindicaciones vascas. Y remarca que sólo la izquierda abertzale tiene capacidad de mover el escenario político y crear un proyecto ilusionante.

Iñaki IRIONDO-Ramón SOLA

Arnaldo Otegi, interlocutor de la izquierda abertzale con el Estado español, aborda la necesidad de que la izquierda abertzale en particular y los independentistas vascos en general articulen una estrategia eficaz que permita superar el muro contra el que se han estrellado todos los procesos anteriores: la imposibilidad de dar el salto desde el escenario actual, desgastado pero vigente, a otro democrático. Para ello sostiene que es necesario articular un bloque independentista a la izquierda del PNV que modifique la correlación de fuerzas en el espacio abertzale.

Hubo muchas especulaciones cuando salió de la cárcel y después usted ha mantenido varios meses de silencio. ¿Qué ha hecho durante este tiempo?

Fundamentalmente, hablar con la gente y escuchar. Lo tenía pensado durante la estancia en la cárcel. Teniendo en cuenta la situación de bloqueo existente y viniendo como veníamos de un proceso de negociación con el Estado, había pensado dedicar tres meses a hablar con el máximo número de gente posible para hacerme una radiografía de la situación, de cómo estaba la izquierda abertzale y otros sectores sociales. Esto te permite intuir dónde está el carril central mayoritario de la gente.

¿Y cuál es la radiografía que ha obtenido?

Por un lado, hay una sensación muy grande de bloqueo, con una situación terrible en términos represivos. También he percibido indicadores de frustración y escepticismo ante una situación en la que el movimiento abertzale parece estar gripado políticamente. Pero al mismo tiempo he observado que muchos sectores populares están esperando a la izquierda abertzale, porque consideran que sólo ella -aunque no en solitario- tiene capacidad para mover el escenario político y esperan que retomemos la iniciativa para sumarse a un proyecto político ilusionante. Y son sectores muy amplios del país.

Pero, ¿está la izquierda abertzale en condiciones de plantear esa alternativa?

Aceptando que todos hemos cometido errores, hay un dato a destacar: ha fracasado la operación política que el Estado diseñó hace treinta años para asimilar al pueblo, troceando el país y negándole la soberanía, e intentando aniquilar a la izquierda independentista. Los instrumentos que se diseñaron para la asimilación del pueblo vasco, como el Estatuto y el Amejoramiento, están desactivados en gran medida gracias a nuestra lucha. Y ésta es una constatación que podemos hacer en términos nacionales, porque es en el conjunto de Euskal Herria en el que se da un cuestionamiento de los marcos vigentes. Hoy nadie piensa que el futuro de este país se va a construir sobre los cimientos puestos hace treinta años. Ésa es la victoria importante de la izquierda abertzale, que ahora hay que saber vehiculizar adecuadamente. Se constata que hay una mayoría popular, una mayoría sindical, una mayoría política que hoy podría estar configurando una alternativa a los marcos diseñados, y es responsabilidad de la izquierda abertzale construir una estrategia eficaz que permita pasar de la actual situación de negación e imposición a un escenario democrático.

¿Cuáles son esas condiciones para el cambio que dice que existen?

La primera y la gran victoria es que hemos hecho fracasar los instrumentos diseñados hace treinta años para asimilar al pueblo vasco y a la izquierda abertzale. La segunda condición es que la mayoría popular y social del país ha asumido que la alternativa democrática, en lo relativo al Estado español, pasa por cuatro territorios y derecho a decidir libre y democráticamente nuestro futuro. Y la tercera condición favorable es que existe un contexto europeo que avala a quienes queremos crear un Estado vasco. Ahí está el ejemplo de esta semana de Groenlandia, al que se puede sumar el de Escocia. Lo fundamental, sin embargo, no es acertar en este diagnóstico, que puede ser ampliamente compartido, sino cómo somos capaces de impulsar una estrategia para el cambio político en Euskal Herria, cómo somos capaces de poner en marcha un proceso que habilite una negociación con el Estado que nos conduzca a un estadio democrático donde desarrollar la opción independentista y socialista en nuestro pueblo.

Hablaba de crear condiciones para una negociación con el Estado. ¿Cree que existe conciencia exacta de hasta dónde se llegó en el último proceso, por ejemplo, de cuál fue la implicación internacional?

No existe esa conciencia, porque hemos sido extremadamente discretos en los datos que hemos ido facilitando. Quienes pudimos vivir en primera persona esa experiencia lo que sí podemos trasladar es que hubo una implicación internacional al más alto nivel y que en el centro de Europa nosotros abordamos un debate en términos políticos que recogía la cuestión territorial y el derecho a decidir libre y democráticamente nuestro futuro, y que nuestra posición fue entendida como razonable por buena parte de los observadores internacionales. Y a día de hoy considero que existe por parte de esos agentes la misma predisposición que hubo entonces para colaborar en la creación de un nuevo proceso de negociación.

Ese parece un dato importante.

Lo es, porque creo que la izquierda independentista tiene que jugar fundamentalmente en tres escenarios. El primero es vertebrar una alternativa política a la izquierda del PNV que lidere el cambio político desde posiciones independentistas. El segundo es el terreno de la confrontación con los estados, que debe combinar una estrategia de negociación y acuerdo para resolver en términos democráticos el conflicto político con el impulso de una acumulación de fuerzas independentistas y progresistas. Y el tercer escenario es el europeo. El proceso permitió instalar el debate sobre el problema vasco en Europa y la comunidad internacional en general, y a día de hoy se puede decir que, en Europa, mediante la construcción democrática de mayorías amplias en torno a la independencia, es posible acceder a la creación de un Estado.

Además de la implicación internacional, ¿se puede salvar algo más del último proceso para utilizarlo en el futuro?

Tanto en Loiola como en la última etapa del proceso se avanzó en términos políticos, aunque eso no quiere decir que se alcanzara un punto satisfactorio en las negociaciones. Pero se avanzó de manera significativa en algunos puntos, aunque no en otros. Y cualquier intento que pase por reeditar un proceso de negociación con el Estado tiene que tener anclajes sólidos. El primer anclaje tiene que ser el indispensable protagonismo del conjunto de la sociedad vasca como auténtico garante del desarrollo del proceso negociador. En segundo lugar, el fortalecimiento del independentismo en este país, la construcción de un bloque popular independentista que articule, en solitario o junto con otros, a esa mayoría que quiere el cambio y a ese sector popular que quiere construir un Estado desde la izquierda. Es decir, ésta es una oferta al pueblo abertzale de izquierdas. Este bloque deberá, además, hacer frente a la represión del Estado. Aquí conviene recordar que las recetas represivas ni van a alterar nuestra posición política ni van a destruir a la izquierda independentista. En tercer lugar, una tarea fundamental es lograr la implicación de la comunidad internacional. Y, por último, hay que recuperar los contenidos políticos y el listón que se dejó en la última etapa negociadora para, a partir de ahí, intentar reconstruirla.

Habla una y otra vez de un bloque independentista. ¿Cómo se construye y con quién?

Antes que nada, haría una apelación a la confianza en nuestras propias fuerzas. La izquierda independentista tiene una base sólida en este país y un recorrido histórico con muchos años de sacrificio, de militancia, de honradez política y revolucionaria, con buenas dosis de gestión institucional. A partir de ahí, los independentistas tenemos la necesidad de liderar es- te momento histórico, lo que pasa por construir una alternativa al PNV.

¿No ve al PNV en un bloque independentista?

No. Pero es el PNV el que se autoexcluye tanto en modelo político como en posición social. Este partido tiene perfecto dere- cho a hacer la política que diseñe y decida. Pero lo que se ha comprobado es que este PNV, y este EBB, hace una apuesta por acomodarse al modelo de Estado español negando las vías para construir un Estado para los vascos. Ésa es su apuesta. Y por ello, creo que tenemos que liberarnos incluso de cierto complejo sicológico que tenemos con el PNV. No podemos gastar ni un esfuerzo más en convertir al PNV en lo que no es. El PNV tiene hipotecas políticas, económicas e institucionales con respecto al Estado español y ése es el PNV que existe. Nos corresponde a los independentistas, a todos los que queremos construir un estado en este país, liderar ese proceso sin esperar a nadie, haciendo una oferta a lo que denominaríamos pueblo abertzale de izquierda. Tanto del análisis de los datos electorales como de las muchas conversaciones mantenidas con sectores que no son sólo de la izquierda abertzale, sino del movimiento sindical o del asociativo, se ve que existe una corriente popular y social que quiere que alguien construya una alternativa al PNV desde el independentismo y desde la izquierda, y están esperando que lo haga la izquierda abertzale. Otra cosa es cómo abordamos la política de alianzas para otro tipo de planteamientos que en un momento puedan ser operativas desde el punto de vista político, electoral o institucional. Pero lo primero que tiene que hacer la izquierda abertzale es tomar conciencia de que nos toca liderar, probablemente junto a otros, la estrategia para recuperar la soberanía vasca y abrir el camino a la construcción del Estado vasco. Lo tenemos que hacer, y cuanto más tardemos, más tiempo perdido. Hay condiciones y tenemos que tener ambición de ganar.

Pero cuando algunos de esos sectores se acercan a la izquierda abertzale, la primera barrera que ponen es la de la lucha armada. Ahí está el caso de ELA, de EA…

Parece que nos movemos en círculo. Ésa es una evidencia. Pero todos tenemos que huir de las recetas fáciles. Porque no es cierto que el cese ni tampoco la persistencia de la lucha armada resuelvan todos los problemas. Y tampoco es solución hablar de un polo soberanista que nadie define, que nadie concreta y al que nadie dota de un programa. Hay que hacer las cosas bien, con tiento y con solidez. ¿De qué se trata? De construir una estrategia eficaz para, primero, lograr un escenario democrático, desde el reconocimiento nacional y respeto a la voluntad popular vasca, para luego avanzar hacia la creación del Estado vasco. Ése es el debate que hay que abordar, y abordarlo en su integridad. No se trata de hacer las cosas de forma parcial: tú tienes que hacer esto y el otro tiene que hacer lo otro. Todos tenemos que construir ese bloque que demanda una buena parte del país. Y hay que hacerlo con perspectiva de momento histórico y con ambición de ganar, no como un señuelo que trata de rentabilizar electoralmente la situación de apartheid que sufre la izquierda abertzale.

¿Lo que se plantea es otro Lizarra-Garazi?

Hay que ser cuidadoso a la hora de poner etiquetas. Yo hablaría de la necesidad de articular y acumular fuerzas en torno al proyecto independentista con otros sectores políticos, sindicales y sociales. Pero no se puede plantear el modelo de Lizarra entendido, como en 1998, como un modelo de negociación. En la antesala de un nuevo ciclo, con reubicaciones de carácter estratégico de todos los agentes políticos, hay que acumular fuerzas tanto en el reconocimiento nacional y el derecho de autodeterminación como en torno al modelo estratégico independentista. Es decir, acumulación sobre el derecho a decidir, pero también sobre cuál es la referencia estratégica en modelo político y social.

En el futuro más inmediato, en marzo, hay unas elecciones autonómicas en la CAV. ¿Cómo se las plantea la izquierda abertzale?

Quiero resaltar una idea muy importante. Herri Batasuna, desde su fundación, nace con el objetivo de la lucha institucional y la lucha de masas. El Estado, en un momento, intentó que nuestra presencia en las instituciones se convirtiera en un anzuelo para asimilarnos, como hizo con EE u otros sectores. Treinta años después, lo que el Estado hace es intentar dejarnos fuera de las instituciones. Habría que preguntarse por qué. Pues porque hemos planteado una presencia, una lucha institucional y una gestión que consolidan en el país una alternativa política integral. Por eso nos quieren fuera. Y yo creo que la izquierda abertzale tiene que estar en las elecciones, tiene que estar en las instituciones, tiene que estar en la lucha de masas aunque en este momento coyuntural razones de Estado van a tratar de impedir que podamos estar de manera legal en las elecciones y después en el Parlamento de Gasteiz, como ya lo han hecho en el Parlamento de Nafarroa y en multitud de ayuntamientos. Pero la izquierda abertzale tiene que hacer un esfuerzo por estar en las elecciones y estar en las instituciones. Insisto, la vocación de la izquierda abertzale es estar en las elecciones y trabajar en las instituciones de este país, porque nacimos para eso, complementando la lucha popular y trasladando las reivindicaciones de los trabajadores vascos.

¿Está el Estado español en una situación de fuerza?

El Estado tiene mecanismos de coacción y de represión que se ven y sufren todos los días. Ha demostrado a lo largo de los siglos su capacidad de ser implacable y cruel. Pero está bastante más débil políticamente frente a las demandas democráticas del pueblo vasco. Primero, porque la estrategia diseñada hace treinta años para asimilar al pueblo vasco y liquidar a la izquierda abertzale ha fracasado. Sigue teniendo un problema con el pueblo vasco, que mayoritariamente quiere articularse en términos democráticos. Ahí reside su debilidad. El Estado no ha conseguido que la mayoría popular vasca acepte con naturalidad seguir siendo española o haya renunciado a la construcción nacional. Ése es nuestro gran activo, el más importante. En ese campo está débil, pero eso no quiere decir que no sea capaz de la mayor crueldad. El Estado está estratégicamente más débil que hace treinta años, pero el problema es que, aunque hayamos ganado terreno, la situación sigue bloqueada.

¿Y cuál puede ser la clave para el desbloqueo?

Hay que ver cómo alteramos la correlación de fuerzas y cómo la situamos en la confrontación con el Estado. Porque es cierto que hemos desgastado sus instrumentos, que hay una mayoría favorable al cambio, pero cada vez que intentamos pasar de este escenario al escenario democrático nos encontramos con el mismo muro. Y lo que hay que analizar es que quizá nosotros también fallemos ahí. Hemos podido resistir, desgastar sus instrumentos, pero no acertamos a dar el salto. Estamos en un tránsito entre escenarios y, en este momento, al único que le interesa alargar ese tránsito, el que está apostando por mantener esta situación, es al Estado. Porque considera que mientras alargue ese escenario, evidentemente, no se llega al nuevo y, además, gestiona mejor la situación.

¿Qué debería hacer la izquierda abertzale para acelerar el cambio de escenario?

Tiene que retomar la iniciativa política. Hay sectores sociales y populares que comparten el diagnóstico y la alternativa con la izquierda abertzale, y nuestro reto es articularlos y dotarles de una estrategia eficaz que permita construir primero un escenario democrático y abordar después un proceso de articulación territorial y soberanía que nos lleve hasta el Estado Vasco Socialista. Hay que saber hacerlo con tranquilidad. Tenemos que acertar en cómo construimos desde la actual situación el nuevo escenario, y ahí es donde la izquierda abertzale tiene que hacer una profunda reflexión.

Retomar la iniciativa política no parece fácil. Todos cuantos con usted estaban en la Mesa Nacional están en la cárcel…

A mí se me ha etiquetado siempre como alguien muy optimista, pero los datos para el optimismo los extraigo del análisis político. Nosotros hemos nacido del pueblo y para servir al pueblo, y no hay más garantía de liberación nacional que el pueblo, que organizar los sectores populares a niveles mayoritarios. Ésa es nuestra garantía, nuestro colchón y nuestra red. Tenemos que jugar ahí. Junto a esto está la realidad de que ahora tenemos el mayor número de presas y presos políticos que ha habido en la historia, por encima de los 750. Esos presos son, en primer lugar, personas. Es algo que hay que subrayar: los encarcelados y las encarceladas son, en primer lugar, personas y, en segundo lugar, militantes políticos. Y están haciendo un sacrificio enorme por este pueblo. Lo dije en mi acto de bienvenida en Elgoibar y lo repito ahora: su liberación es un deber ético, político y humano que tiene la izquierda abertzale.

¿Cómo puede hacer eso la izquierda abertzale?

En primer lugar, luchando por un cambio político y participando en las dinámicas de movilización de masas a favor de los represaliados. En segundo lugar, trabajando para que esas dinámicas acumulen el máximo de sectores políticos, sociales y sindicales. Y en tercer lugar, enmarcando su liberación en un proceso de negociación y acuerdo con los estados.

¿Qué opciones reales hay de recuperar un proceso negociador y qué voluntad puede tener el Estado para ello?

Hay que huir de la cuestión de las voluntades. El Estado no tiene, en principio, voluntad de hacer concesiones en su soberanía. Hay que partir de esa base. Ellos tienen su estado organizado y nosotros no tenemos estado. Ningún estado entra en un proceso de negociación por voluntad. Entra a veces por necesidad y a veces por intereses de distinto tipo. Y su voluntad, como es lógico, será cerrar un acuerdo cediendo lo mínimo posible. La cuestión fundamental en este tránsito entre ciclos, tras el agotamiento del marco jurídico impuesto a Euskal Herria, es la fuerza y convicción para incidir en los cambios políticos que pueda articular la sociedad vasca. Y ésta es la responsabilidad de la izquierda abertzale.

Entonces, ¿sobre qué base se puede plantear una negociación con el Estado?

Sobre la base que abandonamos en la última etapa negociadora y profundizando en ella para dar una solución democrática al conflicto. Pero yo no le pongo fecha, ni mañana ni pasado, aunque, desde mi punto de vista, cuanto antes, mejor para todo el mundo. La fuerza de la izquierda abertzale es ir a esa mesa defendiendo una posición política democrática que es mayoritaria en Euskal Herria. Eso es esencial, ésa es mi fuerza, no tengo otra. En segundo lugar está el contexto europeo, ahí están los ejemplos de Groenlandia y Escocia, que van en la dirección de la solución que planteamos. Y en tercer lugar creo que si antes, durante y después de ese proceso sabemos articular un gran movimiento popular que lidere a los sectores independentistas, nos iremos fortaleciendo durante el proceso. Sabiendo, eso sí, que no hay proceso sin contradicciones y que no hay procesos rápidos o procesos-milagro. Un proceso de negociación no es que uno se sienta en la mesa a firmar lo que otro plantea, sino que un proceso de negociación intenta resolver los problemas. Dicho esto, también creo que al Estado español le falta cultura democrática para afrontar un proceso de esas características. Más importante que desactivar su estrategia represiva sería aún que explique al pueblo español que, independientemente de la lucha armada, o el terrorismo como dirían ellos, hay un problema político que debe resolverse en términos políticos a través de mecanismos de diálogo y negociación. Ésa es la terapia para acuerdos democráticos que garanticen escenarios de paz y soluciones estables.

 

 14/12/08  Alberto Surio

 

Jesús Eguiguren (Aizarna, 1954) empieza a asociar los días de lluvia a cierta imagen trágica de Euskadi. Su deseo es ver el sol «y que el cambio político sea posible en primavera», añade. Y que la estrategia contra ETA «deje de ser una carrera a ver quién es el más duro».

-La izquierda abertzale también parece que está deseando que el PNV pase a la oposición.

-Pues hasta ahora siempre que ha habido esa posibilidad han apoyado al PNV. Si tenemos un lehendakari socialista va a ser sin su apoyo.

-¿Cree que esa izquierda abertzale se presentará a las elecciones?

-Supongo que presentarán alguna lista que no será legal, y luego harán victimismo y defenderán la abstención. Pero en el caso de que estuvieran en el Parlamento lo que no haremos nunca es lo que ha hecho Ibarretxe en las dos últimas legislaturas: Patxi no saldrá elegido con su apoyo.

-¿Y la insistencia del PP en pedir la disolución de los ayuntamientos gobernados por ANV?

-No se puede estar todo el día como en una carrera a ver quién es el más duro, el más firme, quién hace más daño al Gobierno… Ya es hora en este país de hacer las cosas con una cierta calma y tranquilidad. Disolver ahora los ayuntamientos de ANV no sé si será legalmente posible pero es de una trascendencia en un estado democrático tan grande que primero habrá que hablar con todos los partidos, con el PNV, EA y Aralar incluidos. Estas decisiones deben partir de un gran acuerdo democrático. El PP utiliza esto como pura propaganda. Debe asumir que el consenso hay que buscarlo en el País Vasco, no sólo en Madrid.

-¿Cree que Ibarretxe ha encerrado en un cajón el discurso por el derecho a decidir?

-Es que no lo puede encerrar porque lo tiene en la cabeza.

-Pues el PNV se está ‘centrando’ en la actual coyuntura de crisis…

-Porque vienen las elecciones autonómicas.

-¿Qué piensa de la propuesta de Urkullu de aplicar la fórmula del Concierto Económico a un nuevo pacto político con el Estado?

-Como fórmula intelectual o jurídica me parece que lo que hay detrás es un retorno a un cierto autonomismo, pero está bastante mal planteado porque Concierto Económico sin democracia política no es nada. El Concierto en el terreno político es el Estatuto, que se podrá reformar o actualizar. Al fin y al cabo el Concierto también existió con Franco.

-¿Cabe incorporar el derecho a decidir en una futura reforma estatutaria?

-Nosotros no vamos a admitir nunca doctrinalmente el derecho de autodeterminación, pero si hay consenso político estamos dispuestos a incorporar la posibilidad de una consulta legal en aquellas competencias que nos correspondan en una reforma del Estatuto, tal como lo han hecho los catalanes y los andaluces, así como la introducción del mecanismo de los derechos históricos.

-¿Sigue pensando que es posible explorar esa vía de los derechos históricos?

-Sí, siempre y cuando se contemplen en el marco estatutario.

-Tantos años en la brecha y dando vueltas a los mismos problemas. ¿No le desanima?

-Eso puede producirse sólo cuando estás bajo de moral, pero ahora estamos muy animados porque al final de tantos años estamos viendo la oportunidad de un cambio. Hay una luz en el túnel.

-Quizá en un país normal usted se hubiera dedicado a otra cosa.

-Pues supongo que sí. Dedicarse a la política es duro en Euskadi y en otros sitios demasiado fácil. Aquí te juegas algo más que ganar unas elecciones, aquí te peleas sobre principios y valores. Yo tenía otras inquietudes vitales. La Universidad, por ejemplo. Pero hacer política en Euskadi ha sido y es un privilegio.

J. R.

Diagonal

Aprovechando su visita a Europa, DIAGONAL entrevistó a Wajdi Yaesesh, miembro de Human Supporters, y Amjad Rfaie, miembro de Darna, asociaciones ‘civiles’ de la ciudad cisjordana de Nablús.

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WAJDI YAEESH, de Human Supporters.

DIAGONAL: ¿Desde cuándo existe Human Supporters (HS)?

WAJDI YAESESH: HS se creó en 2002, pero hasta 2005 no fue reconocida legalmente. Nuestro objetivo es trabajar con los niños, ayudarles a superar sus traumas. Trabajamos en temas de igualdad de género, del respeto, de la educación, de la salud, de la diversión. También, por eso, hacemos fiestas para ellos. Otro objetivo es formar líderes dentro de la comunidad, que sean capaces de intervenir ellos solos en el futuro. Estamos en Nablús, tanto en la ciudad, una de las más habitadas de Palestina, como en los campos de refugiados y pueblos cercanos.

D.: La noviolencia es una de vuestras señas de identidad, algo poco habitual.

W.Y.: Luchamos contra la ocupación pero de manera noviolenta a través de manifestaciones o actividades sociales, como los picnics en los check-points. Esto último lo hacemos para intentar romper la lógica de abuso y humillación de los controles del Ejército. Queremos llevar la voz de los niños a los checkpoints y decirle a los soldados que estamos allí por nuestra libertad.

Nos sorprende mucho descubrir la ignorancia de los soldados sobre la ocupación. ¡No saben nada! Creen que no hay ocupación, han sido educados en eso, y es increíble. Sólo saben que tienen que parar a la gente en los check-points porque somos terroristas, y si hacemos un movimiento extraño dispararnos. Algunos soldados se niegan a hablar con nosotros, otros nos amenazan con dispararnos… Además, HS lleva ayuda a la población cuando el Ejército ocupa sus casas. Vamos con comida, con medicinas, con afecto… Ése es nuestro trabajo noviolento.

D.: Frente a otras opciones, ¿la noviolencia puede ser una estrategia con mayores resultados prácticos?

W.Y.: No lo sé. Es nuestra forma de lucha. Si trabajamos de forma violenta podemos morir, la ocupación nos mataría. Desde nuestro punto de vista vamos a sobrevivir más tiempo así que con otras estrategias de lucha. Quizá no, pero debemos intentarlo. La ocupación israelí usa la violencia, y los medios sólo sacan la resistencia palestina como si fuéramos terroristas, eso es lo que no queremos. Ahora la noviolencia es la forma más efectiva de lucha para nuestro pueblo. En Palestina alguna gente lucha con métodos violentos, otros lo hacemos sin ella, otros no luchan. La sociedad está dividida en tres partes. Cada persona tiene su forma de pensar, su forma de actuar. Estamos logrando ampliar nuestro apoyo local e internacional, y eso sí nos parece importante.

D.: ¿Existe alguna relación con grupos pacifistas israelíes?

AMJAD RFAIE: La sociedad israelí está fuertemente militarizada. Hay muy poca gente trabajando por la paz, y apenas tienen voz. Es difícil contactar con estos grupos, son muy minoritarios. Antes de los acuerdos de Oslo, estuve cinco años en la cárcel, por cuestiones políticas, después de la llegada de Arafat y la ANP creí que tendríamos nuestro propio Estado, pero nunca llegó. Mataron nuestro sueño. Si quieres una paz verdadera, tenemos que hacer una sociedad igualitaria, real, con dos Estados para dos naciones. Tengo dos opiniones. La realista y la irreal. La primera, dos naciones, sin guerra, sin asentamientos, sin violencia. La otra, vivir en un Estado democrático para todos, palestinos e israelíes, pero hay que creer en ello, y esto, en general, no ocurre.

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AMJAD RFAIE, miembro de Darna.

D.: En una situación de absoluta tensión, ¿cómo surgen proyectos desde la sociedad civil?

W.Y.: Nuestra energía surge porque somos jóvenes y estamos cansados de vivir traumatizados. Tenemos que hacer nacer una nueva fuerza, que contrarreste el sufrimiento. A veces organizando fiestas, campamentos. Conseguir que por un rato nos divirtamos… todo esto nos da energía, es lo que hace que sigamos luchando. Si la perdemos, perdemos nuestro sueño, nuestra esperanza. Nos habrían matado hace mucho tiempo.

A.R.: Hemos sufrido muchos problemas con la ocupación, no queremos que nuestros hijos sufran lo mismo. Por eso creamos el Darna Centre, para apoyarles y trabajar con la sociedad. Darna es una red de casi 90 asociaciones que trabajan con discapacitados, niños, mujeres. Todo relacionado con la democracia y los derechos humanos e, incluso con el deporte. Estar juntos y unidos, es nuestro objetivo. No estamos ligados a ningún partido, cada uno tenemos nuestra opinión, nuestras tendencias. Eso es muy enriquecedor.

D.: ¿Por qué habéis venido a Europa?

W.Y.: Para que aquí se conozca la realidad de Palestina, necesitamos grupos solidarios con nuestros proyectos, la creación de dos Estados, el fin a la ocupación. El Gobierno español y la Unión Europea están apoyando esta situación, que es terrible para nosotros. Todo esto genera mucha injusticia, muchas víctimas de la violencia de Israel, de su impunidad, de su soberbia. Y es inmoral mirar para otro lado en una situación como la de nuestro pueblo. Nuestros niños no pueden seguir creciendo con un trauma tan horrible.

 

 Fuente: http://www.diagonalperiodico.net/spip.php?article6926

 

Javier Ortiz

Público

Muchos de mis amigos son contrarios al plan del tren de alta velocidad de la Comunidad Autónoma Vasca (más conocido como la Y griega, porque ése es el dibujo imaginario que traza la unión entre las tres capitales: Bilbao, San Sebastián y Vitoria).

Mis amigos tienen sus buenas razones para oponerse a ese proyecto ferroviario. Alegan, entre otras cosas, que va a causar un importante destrozo medioambiental en todo su recorrido para acabar beneficiando casi en exclusiva a las gentes pudientes de las tres capitales, que son, precisamente, a las que menos perjuicio causará el tinglado.
Entonces llega ETA y asesina a Ignacio Uría, propietario de una de las empresas que participa en las obras.

A partir de lo cual, ¿cómo seguir polemizando civilizadamente sobre el asunto, cómo discutirlo racionalmente, cómo conseguir que la oposición sensata a ese AVE no se confunda con la barbarie de estos seudoecologistas de tiro en la frente?

Pasó lo mismo con la construcción de la central nuclear de Lemoiz. Había un poderoso movimiento popular en contra y ETA creyó que podía rentabilizarlo. Empezó a poner bombas y mató a un ingeniero y a varios obreros, pero también hirió de gravedad al propio movimiento antinuclear vasco. Como sucedería más tarde cuando metió las narices, sin que nadie se lo pidiera, en las protestas contra el trazado de la autovía de Leitzaran, sembrándolas también de muerte.
Desde sus inicios, ETA ha demostrado su incapacidad para entender que las causas populares las tiene que protagonizar, por definición, el pueblo. Y que cuando pretende hacerlas suyas, se las expropia, se las arrebata al pueblo.

ETA mata personas, sí, pero también muchas expectativas.