Queremos proponer estas reflexiones porque determinados medios de comunicación, ciertos polÃticos, y bastantes tertulianos, al referirse a las personas excarceladas tras la derogación de la ‘doctrina Parot’, parecen haber carecido de la más mÃnima DeontologÃa, despreciando -en muchos casos intencionadamente- los principios básicos del Derecho
En un paÃs medianamente civilizado, cuando una persona condenada a una determinada pena ha cumplido la misma, y por tanto ha saldado su deuda con la sociedad, esa persona recobra la libertad con todos sus derechos Ãntegros. Esto implica, claro está, que vuelven a ser iguales de facto ante la ley, como el resto de la ciudadanÃa. Eso implica, asimismo, que las tentaciones de discriminarlos, impidiendo que puedan ser candidatos en elecciones o privándoles de subsidios para los que cumplan todas las condiciones requeridas, podrÃa llevarnos, en último término, a otra sentencia del TEDH, reprochando retroactividad prohibida, igual de impecable e indiscutible desde un punto de vista jurÃdico que la anterior.
Sin embargo, determinados ‘opinadores’, faltos de mejor argumento, han recurrido al uso de afirmaciones despectivas con la motivación de ofender. Pero la cosa no queda ahÃ. Determinadas corrientes de opinión, con sus comentarios, procuran extender una sensación de miedo, la mayorÃa de las veces sin ningún fundamento real. En ocasiones, se permiten incluso hacer insinuaciones -a veces nada sutiles- que llaman, o cuando menos justifican, la venganza, o sugieren que las vÃctimas podrÃan tomarse la justicia por su mano. Tales comentarios incumplen tanto el abecé de la ética como la elemental prudencia, que deberÃa guiar la conducta de personas que ejercen como altavoces sociales o polÃticos. Igualmente, se han intentado criminalizar unos llamados “recibimientosâ€, que no han pasado de ser situaciones perfectamente normales entre familiares y allegados de quienes vuelven a sus casas tras largos periodos en prisión.
En cualquier caso, nada de lo antedicho puede entenderse como excusa para aminorar los derechos de todas las vÃctimas de la violencia de motivación polÃtica: el reconocimiento del daño causado, el derecho a recibir disculpas públicas por parte de los perpetradores, el esclarecimiento de las conculcaciones de derechos humanos a las que fueron sometidas; la reparación moral y material por el daño causado… Y, cuestión clave, el derecho a la garantÃa de no repetición del daño.
La garantÃa de no repetición se va afortunadamente consolidando para las vÃctimas de la violencia polÃtica por parte de ETA. El último comunicado del EPPK y el acto en Durango van en esa dirección, al explicitar su renuncia a utilizar métodos violentos para conseguir sus objetivos. Sin embargo, esto no se da con los excarcelados tras haber cumplido sus condenas por haber sido violadores en serie… Y ello ha generado un tratamiento informativo del todo sensacionalista, que mete en el mismo saco problemáticas bien distintas, lo que no beneficia la resolución del problema de la difÃcil conciliación de dos derechos fundamentales en juego: la libertad de los penados que han cumplido su condena y la de las vÃctimas que temen la repetición de las violaciones.
Creemos que el problema que subyace bajo esta situación es complejo, y su análisis invita a abrir el foco e iluminar a todas las instancias responsables. Ese ejercicio, señala a un Estado que sigue sin cumplir sus obligaciones internacionales para prevenir, proteger y sancionar la violencia de género, ni ofrece reparación adecuada a las sobrevivientes, incluyendo la garantÃa de no repetición de los abusos.
Sin embargo, en vez de provocar un debate riguroso y positivo, la derogación de la llamada Doctrina Parot por el Tribunal de Estrasburgo ha dado lugar -en algunos casos- a una escandalera mediática vergonzosa, alejada de los criterios éticos y profesionales de un periodismo serio y respetable.
Se espera más de los creadores de opinión. Se espera que se sumen al proceso de paz, que lo empujen y lo alienten, más aún en momentos de impasse y de difÃcil resolución. Dicho de otra manera, se espera que actúen en positivo. Ser meros cizañeros, creerse exentos de responsabilidad en el devenir social y polÃtico es actuar en negativo. No nos lo merecemos. Y porque no nos lo merecemos, lo que procede ahora es actuar con discreción y recto juicio, o sea con sindéresis.
