Bakeari baietz esatea eta gerrari ezetz, ez da hautaketa morala bakarrik, bizitzaren alde etacropped-cid_00E00DF56C9F4E90B6D03A8DA18A20AD@HP2.png
heriotzaren kontra egiten den hautaketa baizik. Gerraren eta bakearen artean egiten den
aukeraketan bizitza da hautagai. Ikuspuntu horretatik, zerumugan ikusten dugun etorkizunak, gerraren aurkako jarrera zorrotz batetik harago, zera proposatzen digu: generoen arteko harremanari irekitasun eta begirune handiagoz begiratzea, naturarekin harmonian bizitzea, eskubide zibil unibertsalak defendatzea eta bidegabekeriaren aurreko desobedientzia bultzatzea, hau da, munduan nagusi den ordena zuzentzeko gizarteak erabil ditzakeen antolamendu forma zeharkakoak.

El sí a la paz y no la guerra, no es sólo una elección moral, sino de vida contra la muerte. Entre guerra y paz hay una elección de vida. Desde esta actitud se vislumbra un horizonte de futuro que nos propone, más allá de una estricta posición contra la guerra, una reconsideración más amplia y respetuosa de la relación entre géneros, una vida en armonía con la naturaleza, la defensa de los derechos civiles universales o la desobediencia ante la injusticia, como formas transversales de organización social para corregir el orden mundial imperante. Read More →

 

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En Donostia, en el bicentenario del saqueo y destrucción de la ciudad por las tropas anglo-portuguesas con asesinatos y violaciones de personas civiles que habitaban la misma, y en medio de los actos de recuerdo a René Cassin, único vasco Premio Nobel de la Paz y uno de los redactores de la Carta de los Derechos Humanos, se han celebrado las Jornadas estudiantiles organizadas por Demagun “Hitz egin, Parlar, Falar, Hablar,  Activistas por la Paz” Read More →

Foto jornadas 1HITZEGIN, PARLAR, FALAR, HABLAR
Se busca posibilitar espacios de encuentros entre diferentes. Espacios donde se ejercite poder escuchar, hablar, dialogar, ceder, comprender, compartir, respetar, razonar, entender, repensar… la variedad de planteamientos que tenemos alrededor, en esa búsqueda de encontrar lo que nos une para poder convivir en paz y justicia. A este ejercicio le denominamos cultura de paz Read More →

ANDRÉS KRAKENBERGER Y SABINO ORMAZABAL  / ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS ARGITUZ

Reiteradamente se viene debatiendo si tiene carácter político o no el encarcelamiento de determinadas personas. Aquí, en nuestro entorno inmediato, se ha argumentado que en una democracia no cabe ni el concepto de preso político ni el de víctima de violencia de motivación política. Debates conceptuales y apasionados como éstos, aun siendo importantes, nos impiden avanzar hacia una democracia en la que no se produzcan conculcaciones de derechos humanos o –al menos– que se produzcan muchas menos. Además,la pasión denota sentimiento y el sentimiento no siempre atiende a lo racional. Por tanto, pensamos  que, para poder avanzar, hay que intentar introducir en el debate un ingrediente racional.

¿Puede haber presos políticos y víctimas de violencia política en una democracia? Claro que sí. Ningún sistema de gobierno es perfecto, y la democracia tampoco lo es. A eso se refería Winston Churchill cuando afirmaba que la democracia no era el mejor de los sistemas, pero sí el menos malo. Así que, cuanto más mejoremos la democracia, menos imperfecciones tendrá; y también habrá menos casos de víctimas de violencia de motivación política, y menos presos políticos. Una democracia supuestamente tan bien reputada como la británica ha ocasionado víctimas de violencia de motivación política y presos políticos. Recuérdense si no los casos de los seis de Birmingham,los siete de Maguire y los cuatro de Guilford.

Acaso, los diferentes puntos de vista sobre lo que –en rigor– no debería pasar de ser una mera clasificación semántica de categorías penitenciarias, tengan su origen en las revoluciones burguesas contra las monarquías absolutas de origen divino,cuando mucha gente fue encarcelada por oponerse a lo que entonces era el status quo imperante. Entre los que se enfrentaban a esas monarquías absolutas había quien lo hacía utilizando pluma y papel, y había quienes optaron por las armas. Nadie discutía, no obstante, el carácter político de la reclusión que ello originaba. Se les penaba por querer un cambio. De las monarquías absolutas pasamos a las dictaduras, a las monarquías parlamentarias y a los regímenes republicanos. Regímenes, todos ellos, con mayores o menores dosis de democracia; mayores o menores índices de víctimas de violencias de motivación política, y también de presos políticos.

Conviene que las definiciones estén claras: preso de conciencia es cualquier persona encarcelada por su raza, religión, color de piel, idioma, orientación sexual o credo, siempre que no haya practicado la violencia ni abogado por ella. Tan importante, en la definición, es la motivación como el hecho de no haber practicado la violencia ni haberla defendido. Preso político es cualquier persona física a la que se mantenga en la cárcel o detenida de otra forma, por ejemplo bajo arresto, porque sus ideas supongan un desafío o una amenaza para el sistema político establecido, sea éste de la naturaleza que sea. Hay presos de conciencia que no son presos políticos: por ejemplo, en la antigua Unión Soviética se encarceló por su credo religioso a personas que no se oponían al régimen político. Hay presos políticos que no son presos de conciencia, porque en su oposición al régimen utilizaron la violencia o abogaron por ella. Nelson Mandela no practicó personalmente la violencia, pero en determinada fase de su vida abogó por ella en su programa político, lo cual le convirtió,cuando fue encarcelado, en preso político, pero no en preso de conciencia. Tampoco hay que confundir la categoría de preso político con la de político preso. Radovan Karadžic, por mucho que sus motivaciones fueran políticas, fue encarcelado por graves excesos en forma de abusos y violaciones de derechos humanos cometidos en defensa (no en contra) de un status quo político determinado,desde una posición de responsabilidad como parte de ese mismo status quo. Eso lo convirtió en un político preso, no en un preso político.

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Convivir es principalmente vivir en comunidad, estableciendo pautas y normas que favorezcan la ayuda, seguridad, colaboración y cooperación necesarias para, en primer lugar, satisfacer las necesidades humanas básicas a través del trabajo y el reparto equitativo de bienes; y en segundo término, para resolver eficazmente los conflictos de relaciones que se producen en el seno de esa comunidad.
Como dice Galtung  la producción ha sido organizada de mala forma: “al nivel fundamental – suficiente comida, vestido y techo, un nivel razonable de salud, comunidad y educación- estas cinco necesidades habrían podido satisfacerse para todos. El fracaso de no satisfacerlas es evitable, lo que quiere decir que hay violencia presente”. Mientras haya manifestaciones de violencia estructural – hambre, marginación, racismo, desempleo, explotación, deuda externa, desequilibrios estructurales entre Norte/Sur, refugiados, deterioro de la naturaleza… – no puede ni haber paz ni darse las condiciones precisas para ” bien convivir ” ni entre los individuos de una sociedad entre sí, ni entre las naciones mismas.
Es importante que los estudiantes consideren con detalle los valores, la dinámica y los resultados que acompañan el uso tanto de la violencia directa como de la violencia estructural inmersa en el seno de nuestras sociedades. Y sobre todo, comprender y tomar conciencia de que la violencia no es la única, ni la más eficaz, de las maneras de afrontar los conflictos, a pesar de que esté presente como tal en nuestra sociedad y sea continuo eslogan en los medios de comunicación.
Los Derechos Humanos deben entenderse como los elementos básicos de una ciudadanía que exige una actitud de respeto hacia la dignidad de la persona en su dimensión individual y colectiva, por un lado; pero también al reconocimiento del otro y su peculiar forma de entender el mundo. Y sobre todo, como respuesta a la sociedad en continuo cambio. En este sentido, el activismo por la paz no puede entenderse como aquella educación de la ciudadanía que persigue el mantenimiento del status quo, sino, en primer lugar, contribuir a la formación de individuos sociales capaces de promover la plena vigencia de los derechos humanos en una sociedad democrática y, por otro lado, favorecer la superación de los obstáculos que se oponen a este fin. El Activismo por la Paz requiere de un verdadero aprendizaje social que permita no sólo la adquisición de los conocimientos esenciales sobre la sociedad y la mejor forma de participar en ella (aprender a vivir consigo mismo y con los demás), sino que exige también la adquisición de aquellos conocimientos y estrategias de transformación, de conducirse por nuevos valores, socialmente construidos, que respondan con creatividad a las nuevas problemáticas planteadas en el presente y en el futuro.
La Paz es un derecho humano que no puede consistir únicamente en la ausencia de conflictos armados, sino que entraña principalmente un proceso de progreso, de justicia y de respeto mutuo entre los pueblos, destinado a garantizar la edificación de una sociedad internacional en la que cada cual pueda encontrar su verdadero lugar y gozar de la parte de los recursos intelectuales y materiales del mundo que le corresponde y que, la paz fundada en la injusticia y la violación de los derechos humanos no puede ser duradera y conduce inevitablemente a la violencia.

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