Desde el final de la Guerra Fría, Rusia se ha visto humillada por sus antiguos adversarios, los Estados Unidos y sus aliados en el bloque militar de la OTAN. Tras el colapso de la URSS, la OTAN, en lugar de disolverse como sí hizo el Pacto de Varsovia, reforzó la organización dejando de ser una entidad defensiva para convertirse en ofensiva, reforzando su papel estratégico antes restringido al Atlántico Norte expandiéndolo al resto del planeta. Además incorporaron a numerosos países del extinguido Pacto de Varsovia a su organización situando la OTAN ante la frontera rusa e incumpliendo el pacto verbal entre Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov. Posteriormente, EEUU se retiró de los acuerdos ABM (Tratado Antimisiles Balísticos) desarrollando sistemas antimisiles en distintos lugares e instalaron un escudo antimisiles en suelo europeo. gerrarik ezCronicas insumisas. Público.es
Pero Rusia lentamente ha ido recuperando el papel de potencia en lo económico y militar, y de la mano del ex agente de la KGB, Vladimir Putin, éste lanzó una política nacionalista para situar a Rusia de nuevo en primer plano internacional. En la crisis de Osetia del Sur y Abjasia, Putin no dudó en enviar tropas para aplastar al ejército de Georgia que atacaba esos territorios. Luego en Ucrania invadió y recuperó militarmente Crimea y apoyó a los rebeldes de las repúblicas prorusas del Dombás. En la guerra de Siria, siempre ha apoyado militarmente al régimen de Bachar al Asad, y finalmente se ha decidido en bombardear a los rebeldes contrarios Al Asad, tanto al ISIS como al resto de los grupos de rebeldes.
En Ucrania, EEUU y sus aliados en la OTAN, daban apoyo al gobierno de Kiev surgido de un golpe de estado, y en Siria, suministraron armas y apoyo militar por distintos canales a los rebeldes que combatían a Al Asad. Cuando vieron que ISIS se convertía en la principal fuerza opositora, cambiaron de bando y empezaron a bombardearlo.
Ambas crisis, la de Ucrania y Siria, han servido para que la OTAN recuperara el músculo que había perdido, pues ha encontrado de nuevo la razón de ser de su existencia, enfrentarse al viejo enemigo que la vio nacer, Rusia. Y se ha lanzado a una carrera belicista, enviando aviones de combate para proteger el espacio aéreo de las repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, también en Turquía. Sin duda lo más peligroso, es lo referente a las armas nucleares en suelo europeo. Estados Unidos mantiene armas no estratégicas en Alemania, Holanda, Bélgica, Italia y Turquía, y ahora quiere actualizar esos arsenales nucleares (entre 150 y 200 bombas), y en su lugar desplegar otras de nuevo diseño de mayor precisión. Una decisión que viola el Tratado de No Proliferación (TNP), que prohíbe la transferencia de armas nucleares de un estado nuclear a un estado que no posee armas nucleares. Este hecho ha motivado una respuesta por parte de los mandatarios del Kremlin, anunciando que de llevarse a cabo no dudarían de instalar misiles balísticos en Kaliningrado y Crimea.
Una escalada peligrosa que retorna a Europa a la etapa negra de la Guerra Fría, de la que es prematuro aún pronosticar su dimensión, pero que desde luego no presagia nada bueno pues se inscribe en lo que algunos (el papa Francisco) han denominado Tercera Guerra Mundial para designar la guerra, que tanto Rusia como EEUU y sus aliados han desencadenado contra el terrorismo, que nos ha deparado las guerras de Afganistán, Irak, Chechenia, Libia, Yemen, Siria, Somalia, Nigeria… hoy no extinguidas y que persisten con mucha virulencia.
En ese contexto debe situarse la visita del Secretario de Estado John Kerry a España, que viene a ratificar el acuerdo sobre las bases de EEUU en territorio español, en especial la base aérea de Morón (Sevilla), dónde se permite la ampliación de 2.200 marines, ampliable a 3.200, que será la base de operaciones del Comando Africom para actuar contra supuestos terroristas en el continente de África occidental.
Visita a la que tampoco pueden ser ajenas las maniobras de la OTAN, Trident Juncture 2015, que tienen lugar en España, Portugal e Italia este mes de octubre hasta el 6 de noviembre con 36.000 efectivos de 30 países; en España se llevará a cabo el mayor despliegue, 20.000 efectivos, y nuestro país aportará 8.000, además de blindados, aviones y helicópteros de combate y diversos buques de guerra. Unas maniobras que sin decirlo tienen como punto de mira a Rusia, país a quién la OTAN lanza un aviso, que está preparada para cualquier emergencia y dispuesta a llevar a cabo una intervención militar en un tercer país, ya sea africano, de Oriente Próximo o de la Europa oriental.
Los gobiernos que pertenecen a la OTAN se ha dejado seducir por EEUU en una espiral belicista que nos conduce a un enfrentamiento con Rusia, que no reducirá, sino al contrario aumentará las tensiones con ese país y también en Oriente Próximo, el Mediterráneo y el África subsahariana. Cuando lo conveniente es lo contrario, dialogar y buscar compromisos que conduzcan al final de los conflictos. Un belicismo irracional que impedirá una recuperación económica, pues empujará al alza el gasto militar en detrimento de la economía productiva y que solo beneficiará eso que llamamos el lobby militar-industrial. Peor imposible.

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